GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS (1618-1648)

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Tras la Guerra de los Treinta Años el poder político del título imperial queda mermado


Tras la Guerra de los Treinta Años el poder político del título imperial queda mermado, al obtener los estados alemanes la plena soberanía para administrar sus asuntos. Desde entonces se obliga al emperador a tener que contar con el visto bueno de estos estados a través de la Dieta para poder llevar a cabo las escasas atribuciones que ha retenido como cabeza del imperio. En efecto, según los términos del tratado, la soberanía y la independencia de cada estado del Sacro Imperio Romano Germánico se reconoce completamente, al quedar el emperador prácticamente sin poderes; además, la religión de cada Estado alemán será determinada por su príncipe; se acepta la situación existente en 1 de enero de 1624 en el aspecto religioso, al establecer que las propiedades de los Habsburgo, el sur y el oeste de Alemania sean católicos, se reconoce la fe reformada y los protestantes pueden mantener las propiedades adquiridas. Políticamente, el Sacro Imperio Romano Germánico (ó I Reich), continúa con tal denominación, pero ha perdido todas las pretensiones a la universalidad o efectividad del gobierno centralizado.