ISLA DE PASCUA

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Los artífices de las estatuas de la isla de Pascua llegan a constituir una especie de casta hereditaria.


Según las tradiciones locales, los artífices de las estatuas llegan a constituir una especie de casta hereditaria muy respetada. Narran que bastaban quince días para modelar uno de estos gigantescos seres (de los que se supone modelaron unos mil). En efecto, contrariamente a lo que se piensa, la toba volcánica es mucho más fácil de trabajar que la madera, y la isla es esencialmente una inmensa colada volcánica. Por otra parte no había árboles en Rapa Nui y los isleños se veían obligados a trabajar la piedra para erigir sus «mohai», que, al parecer no tratan de reflejar dioses ni ídolos, sino personalidades reales, posiblemente gobernantes, aristocratas o sacerdotes que eran deificados y venerados en efigie después de muertos, inmortalizándolos en piedra volcánica, tal como hacemos nosotros con nuestras propias estatuas. También parece que algunos de ellos querían representar señoras de la época.

Un grupo de misioneros franceses son los primeros hombres blancos que se establecen en La Isla de Pascua.


Un grupo de misioneros franceses escabezados por Fray Eugenio Eyraud fueron los primeros hombres blancos que se establecieron en Rapanui (La Isla de Pascua) imponiendo a los nativos varias novedades: el cristianismo, el cultivo organizado, la cria de animales (ovejas, cerdos, gallinas) y la lengua tahitiana que reemplaza el idioma original de Rapanui.

La Isla de Pascua es anexada al Gobierno de Chile por decisión de los propios pascuenses.


La historia de la Isla de Pascua da un vuelco definitivo en 1888, cuando la Armada chilena se apodera de ella con la complicidad de Gran Bretaña. Los chilenos la incorporan a su territorio, e instalan en la isla una escuela, un hospital y un leprosario, mientras su Marina se hace cargo de la industria lanar. Ese día, el Capitán Toro , representante del presidente chileno, convoca a los jefes de las familias nativas al pie de un asta al costado de la iglesia de la pequeña aldea y lee en español el Acta de Cesión, que es traducida al pascuense por un isleño: «Los abajo firmados, jefes de la Isla de Pascua, declaramos ceder para siempre y sin reservas al gobierno de la República de Chile, la soberanía plena y entera de la citada isla, reservándonos, al mismo tiempo, nuestros títulos de jefes de que estamos investidos y que gozamos actualmente».

El 9 de septiembre de 1888, se firma el documento de cesión de soberanía a Chile, no de propiedad.


El 9 de septiembre de 1888, se firma el documento de cesión (Vaai Honga Kaina) escrito en español y otro en rapanui mezclado con tahitiano. El texto en español habla de cesión de soberanía a Chile, reservándole al mismo tiempo, a los jefes que concurrieron al acuerdo, los títulos de que estaban investidos y que gozaban en ese momento, sin hacer alusión a la propiedad de la tierra. A su vez, el texto en rapanui mezclado con tahitiano no habla de cesión de tierras y usa el concepto de «mau te hoa kona» (traducido como «amigo del lugar»). La tradición oral rapanui indica que el rey Atamu Tekena tomo un trozo de pasto con tierra, entregándole el pasto a los emisarios chilenos, quedándose con la tierra (La antropóloga Paloma Hucke interpreta que con este acto se otorgaba la soberanía al gobierno chileno, pero se reservan el derecho sobre sus tierras)