SALEM. LAS BRUJAS DE...

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Un grupo de puritanos funda Salem Town en la desembocadura del río NaumKeag (Nueva Inglaterra)


Apenas seis años después de la llegada de la nave Maryflower a Nueva Inglaterra con colonos ingleses, un grupo de puritanos funda Salem Town en la desembocadura del río Naumkeag. De este núcleo se desprenderán otros poblados, como los vecinos Salem Village y Marblehead. Los puritanos creen en el Diablo, los demonios y las brujas tanto como en la existencia de Dios, ángeles y santos. Están convencidos de que las fuerzas del mal se hallan presentes en la tierra, y que en ella entablan una furiosa batalla por las almas. Los ejércitos infernales maquinan cosas horribles para poner a prueba la fe de los hombres. Semejantes ideas no son nada originales, pero en el Nuevo Mundo cobran una importancia especial. El principal objetivo de los líderes puritanos es establecer una sociedad de santos. Y justamente allí, en las regiones vírgenes americanas, abundan los enemigos: hay adeptos a doctrinas fal, indios salvajes que viven en pecado como simples animales y, por supuesto, también traidores disfrazados de hermanos piadosos que en realidad sirven a Satanás y sus huestes. Todos estos seres, los reales y los imaginados, persiguen la destrucción del estado puritano.

A ambas orillas del Atlántico se cree en las apariciones de fantasmas y en las travesuras de los poltergeists.


A los factores religiosos se suma el folclore anglosajón. A ambas orillas del Atlántico se cree en las apariciones de fantasmas y en las travesuras de los poltergeists, fuerzas invisibles que actuan en las casas provocando fenómenos paranormales. También en los castigos divinos y en las alianzas con demonios para obtener poder. La brujería forma una parte importante en este universo. A diferencia de la sofisticada hechicería del continente europeo (especializada en vuelos de larga distancia, orgías multitudinarias y aquelarres), las brujas y los brujos británicos y anglo-americanos tienen un perfil más doméstico. Se contentan con convertirse en gatos o perros, maldecir una vaca para que no de leche o, como máximo, herir a los devotos. En pocas ocasiones sus conjuros llegan a matar. Pero nadie se toma a broma todo esto. Por insignificantes que puedan ser los embrujos, lo esencial es que demuestran la presencia del Diablo entre los siervos de Dios. Para complicar las cosas, el Diablo no sólo actua de forma directa o a través de los hechiceros que recluta, sino que a veces también hace sospechosas de brujería a personas inocentes. Después de todo, su propósito es corroer los pilares de la santa comunidad puritana. ¿Qué mejor arma que volver a sus miembros unos contra otros?

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Existen una serie de recursos para distinguir a los auténticos hechiceros de aquella gente falsamente denunciada como tal por obra de Satanás.


Existen una serie de recursos para distinguir a los auténticos hechiceros de aquella gente falsamente denunciada como tal por obra de Satanás. Una bruja genuina, por ejemplo, no puede rezar entero el Padrenuestro. Siempre se traba en una frase u olvida una parte de la oración. Tampoco puede pronunciar las palabras “Dios” o “Jesucristo”. Y siente dolores agudos si mira fijamente una Biblia. Con el tiempo surgen numerosos “expertos” capaces de determinar, con estos u otros métodos, si alguien está poseído. Estos hombres, generalmente clérigos, suelen presidir los juicios por brujería o ser consultados en ellos. Saben interpretar la auténtica naturaleza de estos casos, así como las llamadas providencias, las acciones de Dios directas (milagros) o indirectas (fenómenos corrientes) para guiar a los fieles. Algunos especialistas constituyen la flor y nata intelectual de Nueva Inglaterra. Increase Mather, por ejemplo, es rector de Harvard, y su hijo, el reverendo Cotton, destaca por sus escritos en el período colonial. Es decir, que la creencia en las brujas existe incluso entre las autoridades científicas.

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El caso de las chicas Goodwin, prepara el terreno para la más espectacular caza de brujas jamás ocurrida en la colonia británica norteamericana: la de Salem.


En 1688 tiene lugar en Boston un incidente que alarma a la opinión pública al implicar a menores de edad. Se trata de cuatro hermanas supuestamente hechizadas por la madre de una lavandera. Conocido como el caso de las chicas Goodwin, prepara el terreno para la más espectacular caza de brujas jamás ocurrida en la colonia británica norteamericana: la de Salem.

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Se traslada a Salem Village un nuevo reverendo, Samuel Parris, llegado de Boston. Es de prédica incendiaria y ambición personal.


A finales de 1689 se traslada a Salem Village un nuevo reverendo, Samuel Parris, llegado de Boston. Su prédica incendiaria y, sobre todo, su ambición personal dividirá a la población. Algunos feligreses dejarán de contribuir a la manutención de Parris cuando pretenda convertirse en el párroco titular de la aldea. Otros, encantados con su rigidez puritana, le apoyarán vivamente.

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Pese a su aspecto idílico, las aldeas que constituyen Salem viven alteradas a finales de siglo.


Pese a su aspecto idílico, las aldeas que constituyen Salem viven alteradas a finales de siglo. Sus habitantes, dedicados principalmente a la agricultura, están sometidos a una gran presión. Han sufrido una mortal epidemia de viruela, temen un ataque de las tribus indias en pie de guerra en la región y se disputan entre sí las tierras más protegidas y fértiles a raíz de un crecimiento demográfico que está reduciendo los patrimonios familiares. A este clima enrarecido se añade la rivalidad tradicional entre Salem Town y Salem Village, la mentalidad puritana que atribuye cuanto ocurre a las acciones de Dios y el Diablo y el perfil patriarcal de esta sociedad, en la que las mujeres están totalmente sometidas. No es casual que el polvorín estalle entre las más insignificantes de todas ellas: las niñas.

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La confrontación entre los vecinos de Salem alcanza su punto más álgido.


La confrontación entre los vecinos de Salem alcanza su punto más álgido en 1692, cuando caen enfermas simultáneamente la hija y la sobrina del reverendo, de 9 y 11 años. Betty y Abigail tiemblan, dan alaridos, murmuran palabras extrañas, reptan bajo los muebles, pasan horas recogidas en posición fetal o lanzan objetos con furia. A estos síntomas (curiosamente similares a los de las chicas Goodwin de Boston, de donde ha llegado Parris) se unen los lamentos de las pequeñas, que diden sentir como si las pincharan o cortaran con cuchillos invisibles. El médico del pueblo diagnostica, como ya sospechaba el pastor, que no se trata de una epilepsia o de un brote de locura: las pequeñas están hechizadas. Lo peor es que su mal se extiende pronto en Salem. Hasta 15 muchachas comienzan a comportarse histéricamente. Y como detrás de toda brujería tiene que haber una bruja, las jóvenes empiezan a revelar los espectros de los vecinos que les están causando tanto dolor.

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En Salem, una veintena de ahorcamientos se suceden durante la primavera y el verano de 1692.


En Salem, una veintena de ahorcamientos se suceden durante la primavera y el verano de 1692. Catorce mujeres y seis hombres pierden la vida. Sin contar a los que mueren en la cárcel, entre ellos la pequeña Dorothy Good, que no ha querido abandonar a su madre. La ejecución más cruel ha sido la del viejo Corey. Se ha negado a confesar hechicerías a pesar de los tormentos. Ante ello, el tribunal comete otro error salvaje. Malinterpretando la ley, ordena aplicar al anciano “una pena dura y fuerte”. Se le colocan piedras cada vez más pesadas sobre el pecho durante dos días, hasta que el granjero muere literalmente aplastado.

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Al final, aunque demasiado tarde para muchos, se impone el sentido común en Salem.


Al final, aunque demasiado tarde para muchos, se impone el sentido común en Salem. En el otoño de 1692, Increase Mather, el rector de Harvard, persuade al gobernador de que ya no pueden tolerarse las evidencias espectrales para condenar a nadie. El dirigente político no sólo prohibe ese género de pruebas, también disuelve la disparatada corte local y manda liberar a buena parte de los procesados. Un tribunal superior toma el relevo poco después. A comienzos de 1693 había excarcelado al resto de los imputados. Era el fin de la caza de brujas. Lo que continuará sin resolverse por completo es lo que precipitado la histeria colectiva en Salem. Algunos estudiosos se decantarán por explicaciones biológicas. Otros investigadores se inclinarán por las motivaciones políticas. Finalmente, también habrá partidarios de un argumento social en la crisis. Lo más probable es que se se haya tratado de una combinación de estas causas. Un cóctel fatal de intereses creados, injusticias sociales, incertidumbre política e intolerancia religiosa. Todo esto tal vez acompañado por los problemas clínicos o psicológicos de algunos y, sin duda, por una práctica judicial lamentable.

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La nómina de presuntas brujas crece notablemente a partir de ese momento. Las niñas no dejan de denunciar a vecinos durante toda la primavera de 1692.


La nómina de presuntas brujas crece notablemente a partir de ese momento. Las niñas no dejan de denunciar a vecinos durante toda la primavera de 1692. Se trata generalmente de gente indefensa o que despierta antipatía en el resto de la comunidad. Es el caso de una tal Candy, esclava de una vieja y malhumorada campesina Susarmah Martin, que tiene problemas con buena parte de sus conciudadanos; o de un viejo granjero, Giles Corey, muy conocido por su aspereza. Sin embargo, con el correr de las semanas, a esta clase de víctimas se suman otras. Desde simples niñas como Dorothy, de apenas cuatro años, y que es hija de Sarah Good una persona antipática que no va nunca a la iglesia, a personas de reputación intachable de la localidad. No hace falta ser demasiado sagaz para reconocer entre estas últimas un denominador común: sus conflictos con las acusadoras o con sus familias. Las desavenencias religiosas, la codicia por las tierras y las enemistades comunes en tantos pueblos pequeños desempeñan un papel fundamental en el infame juicio por brujería. Los encarcelados llegan a rozar los dos centenares y siguiendo la costumbre de la época, se emplea la tortura en los interrogatorios.

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