GIROLAMO SAVONAROLA

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Girolamo SavonarolaReligioso dominico, predicador italiano, confesor del gobernador de Florencia, Lorenzo de Médici, organizador de las célebres hogueras de vanidad donde los florentinos estaban invitados a arrojar sus objetos de lujo y sus cosméticos, además de libros que consideraba licenciosos. Predicó contra el lujo, el lucro, la depravación de los poderosos y la corrupción de la Iglesia católica.

GIROLAMO SAVONAROLA -nacido en Ferrara (Italia), en 1452- decide entrar en religión y hacerlo en la Orden de Predicadores.


GIROLAMO (Jerónimo) SAVONAROLA -nacido en Ferrara (Italia), en 1452- decide entrar en religión y hacerlo en la Orden de Predicadores (Dominicos). El Convento de Santo Domingo de Bolonia abre las puertas al que habrá de convertirse en uno de los personajes más contradictorios y discutidos de cuantos han ingresado en la Orden.

SAVONAROLA, ya en la Orden de Predicadores, realiza un largo viaje por Italia de seis años de duración (1485-1490).


SAVONAROLA, ya en la Orden de Predicadores, realiza un largo viaje por Italia de seis años de duración (1485-1490), en los cuales medita, estudia, enseña y sobre todo predica, iniciando una nueva manera de hablar, con una forma y un contenido que le serán propios y peculiares. Convencido de estar en posesión de la verdad, indignado por la mundanidad de la Iglesia, inicia una serie de terroríficos sermones, empapados en fría indignación, en los que anuncia el castigo que habrá de caer sobre la Iglesia si ésta no se renueva; y con ello infunde un santo terror a un auditorio cada vez más pendiente de sus palabras, merced sobre todo al empleo de un nuevo recurso oratorio: los anuncios proféticos.

Pronto la fama de predicador de SAVONAROLA, de la Orden de los dominicos, se extiende por el norte de Italia.


Pronto la fama de predicador de SAVONAROLA, de la Orden de los dominicos, se extiende por el norte de Italia y llega a oídos de LORENZO de Médicis, quien tiene los resortes del poder en la república de Florencia. «El Magnífico» reclama a SAVONAROLA y el general de la Orden, que tanto debe a los Médicis, lo envía allí para que actúe como lector en el convento de San Marcos, que lo acoge el mayo de 1490. LORENZO de Médicis encarna para SAVONAROLA no el esplendor cultural de aquel momento -esplendor que SAVONAROLA menosprecia- sino el poder y la tiranía.

El miércoles de ceniza de este año, SAVONAROLA en plena ascensión hacia la fama, predica desde el púlpito de la Catedral.


El miércoles de ceniza de este año, SAVONAROLA en plena ascensión hacia la fama, predica desde el púlpito de la Catedral de Santa María del Fiore. Terroríficas prédicas de penitencia, profecías sobre el castigo de la Iglesia, sermones sobre el Apocalipsis y las lamentaciones de Jeremías, anuncios de grandes calamidades… «Un nuevo Ciro vendrá que acabará con todos los tiranos, conquistará a Roma y la hará cautiva». El pueblo, que escucha sobrecogido al fraile visionario profetizar grandes cataclismos, queda seducido por su austeridad de vida, por su simplicidad de palabra. En julio de este año SAVONAROLA es elegido Prior del convento de San Marcos.

SAVONAROLA era un extraño orador, que no podemos juzgar por los fragmentos de sermón que han llegado hasta nuestros días.


SAVONAROLA era un extraño orador, que no podemos juzgar por los fragmentos de sermón que han llegado hasta nuestros días, tomados de oída. Sobre todo, porque los trancriptores distan mucho de ser fieles. Empezaba sus discursos con una argumentación escolástica bastante pesada y luego, súbitamente inspirado, arrebatado por una histeria ácida, sarcástica y apocalíptica, revelaba con viveza toda su llameante pasión política y religiosa. Así, por ejemplo, uno de los amanuenses que copiaba sus sermones dice, en alguna ocasión que «las lágrimas le impiden continuar». A pesar de que no tenía recursos físicos relevantes, pues ni la voz ni la vocalización ni la composición retórica eran perfectas, lo que daba calidad a su predicación eran el fuego, la convicción, la personalidad y la contundencia.

Fallece Lorenzo de Médicis tras un estúpido tratamiento médico de acuerdo al prestigio del enfermo.


La gravedad de LORENZO de Médicis se conoce en toda Italia y LUDOVICO el Moro, duque de Milán, se cree en la obligación de enviarle a su médico de cámara, que es el fantástico y dilapidador Lazzaro di Pavia. Este prescribe a LORENZO un remedio supremo compuesto de diamante pulverizado y perlas trituradas. La estúpida y fastuosísima mixtura corresponde a la gloria resplandeciente del duque de Milán, a la fama de su médico y al prestigio del paciente. Tiene la virtud de apresurar su muerte, que ocurrirá el 9 de abril, a los dos días del tratamiento. LORENZO, a pesar de no haberse captado la amistad de SAVONAROLA, cuando, en la fecha, se encuentra en el lecho de muerte es a Fray Jerónimo SAVONAROLA a quien requiere para recibir la última absolución. A su lado están dos de los personajes más plenamente renacentistas de la Florencia del siglo XV: Pico della Mirandola y Angelo Poliziano.

SAVONAROLA adquiere poderes de provincial de la Orden de Predicadores.


SAVONAROLA adquiere poderes de provincial de la Orden de Predicadores. Indudablemente un personaje tan popular pronto se iba a ver implicado en la vida política, en una época en que Iglesia y Estado se confundían a menudo en una sola manifestación de poder.

Los florentinos dejan de acicalarse, de pintarse los labios, de maquillarse los ojos y hasta de bañarse considerándolo un acto de lujuria.


Los florentinos dejan de acicalarse, de pintarse los labios, de maquillarse los ojos y hasta de bañarse considerándolo un acto de lujuria y una añagaza del demonio. SAVONAROLA durante unos meses dirige los hilos de la política exterior de Florencia, del mismo modo, en definitiva, que su antecesor y aborrecido enemigo LORENZO de Médicis, sin ostentar ningún cargo, pues estos corresponden siempre al Gonfaloniero mayor, a la Signoria, al Tribunal de los Ocho, al Consejo de los Diez y al Consejo Mayor.

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SAVONAROLA intenta un régimen teocrático que imponga la moral pública desde el poder.


SAVONAROLA intenta un régimen teocrático que imponga la moral pública desde el poder. Se prohiben todos los pasatiempos que han deleitado a la Signoria de los MÉDICIS y han hecho de Florencia una refinada meca del hedonismo cosmolita.

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En Florencia se prohiben las apuestas, los bailes, las carreras de caballos. Los contraventores incurrían en penas severísimas.


En Florencia se prohiben las apuestas, los bailes, las carreras de caballos. Los contraventores incurrían en penas severísimas, que eran pronunciadas después de extenuantes interrogatorios, a menudo acompañados de tortura. Se arrancaba la lengua a los blasfemos y no se reservaba mejor suerte para los homosexuales de los que, según parece, estaba llena la ciudad en aquellos tiempos… de hecho los alemanes apodaban a la homosexualidad «el vicio florentino». Una red de informadores y de espías que tenía por nombre «Compañía de la esperanza» y que estaba constituida en su mayor parte por adolescentes y niños piadosos y malignos que espiaban y denunciaban la posible impiedad de los vecinos e incluso de sus padres y familiares vigilaban la vida privada de los florentinos y denunciaban la más mínima infracción al fraile (Girolamo Savonarola), quien a su vez la denunciaba a la Signoria.

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