BATALLA DE MARATÓN (490 aC)

Total de piezas: 4

Milcíades ataca a la salida del sol. El lugar es el valle de Vrana y la proporción es de un ateniense por cada tres persas.


Milcíades ataca a la salida del sol. El lugar es el valle de Vrana y la proporción es de un ateniense por cada tres persas. Los atenienses empiezan a correr hacia el enemigo, mientras los persas esperan por ellos, creyendo que nadie que corra primero podrá pelear bien después. Pero Milcíades, al darse cuenta de que los bloques de tropa no cubren el ancho de la línea enemiga, ordena aligerar el centro de la línea de ataque, fortaleciendo los flancos. Los persas cargan sobre los griegos golpeando fuertemente en el centro y empujando la infantería hacia dentro del valle. Los griegos retroceden a propósito, volviendo su línea de defensa más delgada mientras se fortalecen en las alas. Entonces, en una jugada genial, las alas caen sobre los flancos persas, mientras el centro soporta el ataque de una tropa confusa, que ve venir al enemigo desde donde no se espera: la retaguardia. En medio de la confusión, los persas rompen filas y llaman a la retirada.

Los atenienses han ganado. Es enviado un hombre -Filípides o Fidípides- que avise a Atenas del resultado de la batalla.


Los griegos los persiguen hasta la playa y nadando hasta los botes, se apoderan de siete de ellos. Los atenienses han ganado. Inmediatamente Milcíades envía un hombre -Filípides o Fidípides- que avise a Atenas el resultado de la batalla, para que se preparen a recibir a los persas, cuyos barcos se dirigen a atacar Atenas directamente. Pero cuando llegan los persas y ven a los griegos, hombro con hombro esperando para dar la lucha, deciden retroceder y dejar las cosas como están. Filipides, quien corre toda la distancia entre Maratón y Atenas, algo más de 40 km., grita al llegar ¡Alegraos atenienses, hemos vencido!, falleciendo inmediatamente de agotamiento por el largo recorrido. Es la célebre batalla de Maratón, la primera de las llamadas “Guerras médicas” (Guerras entre Grecia y Persia). Al ver en peligro la independencia de Grecia cesa momentáneamente la rivalidad entre Esparta y Atenas.

Darío, encolerizado por la pérdida de su flota, prepara una segunda expedición que parte en el 490 aC.


Darío, encolerizado por la pérdida de su flota, prepara una segunda expedición que parte en el 490 aC. Las tropas de Darío -a las órdenes de Datis- cruzan el mar Egeo y sitian Eretria, ciudadela que, junto a Atenas, ha apoyado a Jonia en la rebelión, y tras 6 días de lucha asesinan o esclavizan a todos sus habitantes, destruyendo todo cuanto hay en la ciudad. De allí, navegan hasta las costas de la bahía de Maratón, a unos 12 kilómetros de Atenas y empiezan, en la fecha, a descargar las tropas. La flota persa carga 25.000 hombres, los griegos sólo disponen de 10.000 soldados. Temiendo que la desigualdad numérica y la traición jueguen en contra de las defensas atenienses, Milcíades, comandante de la batalla, elige como estrategia el ataque, en vez de la defensa, creyendo esta la única opción para obtener el triunfo.

La supremacía de los persas está en sus arqueros y en su caballería. Milcíades dirige al ejército ateniense.


La supremacía de los persas está en sus arqueros y en su caballería. Milcíades sabe muy bien que no tendrá ningún posibilidad de sobrevivir el ataque por ambas fuerzas, especialmente porque la estrategia persa es esperar el ataque enemigo, debilitarlo con flechas y luego ir por el resto con caballería y tropas. Milcíades sitúa su ejército en las colinas que rodean la bahía y desde la distancia espera el mejor momento para atacar, que llega cuando inexplicablemente, tras desembarcar la caballería, ésta es reembarcada otra vez, quizás con la intención de atacar a Atenas por dos frentes. Al ver a las tropas y a los arqueros sin el apoyo de la caballería, decide que el momento del ataque ha llegado. Preocupado por el desequilibrio numérico, Micíades ha pedido ayuda a los espartanos, pero estos se niegan por razones religiosas, y ofrecen su apoyo sólo cuando llegue la luna llena, seis días más tarde. Los atenienses, sin embargo, reciben con sorpresa y admiración al ejército de Platea, quienes aunque pequeños en número -apenas son mil- han mandado a combatir a todo hombre capaz de cargar una lanza.