Tras un paseo triunfal por el norte de Italia, Carlos VIII rey de Francia, hace su entrada triunfal en Roma.


Tras un paseo triunfal por el norte de Italia, CARLOS VIII rey de Francia, hace su entrada triunfal en Roma. Los Colonna y los Orsini se pasan a los franceses. El Papa, ALEJANDRO VI, con los únicos tres mil hombres que permanecen fieles a él, se encierra en el castillo de Sant’Angelo, negándose a entregarse al victorioso rey francés. La decidida actitud del pontífice impresiona tanto al cristianísimo CARLOS, que éste se aviene a negociar con él. El acuerdo establece que el rey prestará juramento de obediencia y protección a la Santa Sede, permitiendo ésta, en compensación, el libre paso de los ejércitos franceses por los territorios de la Iglesia (lo que de todos modos hubiesen hecho porque no había fuerzas para oponérseles).