FELIPE IV el Hermoso, rey de Francia, alaba a los templarios mientras prepara un golpe bajo contra la orden. El monarca francés no puede perdonar dos cosas: haber visto rechazada su petición de entrar en la orden y el hecho de que en diferentes ocasiones les ha pedido dinero, se lo han concedido y ahora no puede devolverselo porque está cargado de deudas. Pero FELIPE IV necesita más dinero para financiar su guerra en Flandes y codicia, por otra parte, los bienes que detentan los Templarios. Por ello, da orden de arresto contra los Templarios y contra su Gran Maestre JACQUES DE MOLAY, a los que se les acusa de todos los crímenes posibles. A los 138 detenidos se les somete a torturas y 36 mueren a consecuencia de las mismas. El Papa, CLEMENTE V, intenta sustraer el proceso de las manos del rey pero no lo consigue. El rey de Francia, por otra parte, presiona a los cardenales para que lo ayuden en la persecución.
