Sólo el 19% de los coreanos del sur, los primeros amenazados, apoyan la política norteamericana de cambio de régimen en Corea del Norte. Asia ya no es zona colonial, sino la fábrica del mundo. Más de 1.800 empresas surcoreanas quieren producir en Corea del Norte e invertir allí. El desmoronamiento del régimen norcoreano sembraría de problemas la región, comprometería el crecimiento en el nordeste de China y costaría 600.000 millones de dólares durante diez años a Corea del Sur, según el cálculo de su Gobierno.
CHINA
Total de piezas: 758
Millones de chinos firman una petición en contra de la aspiración de Japón a ocupar un puesto permanente en el C. de S. de la ONU.
Más de 22 millones de chinos han firmado una petición en contra de la aspiración de Japón a ocupar un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.En una iniciativa sin precedentes, sostenida por tres grandes portales de internet chinos, más de once millones de ciudadanos ya han firmado. La petición se entregará a la embajada japonesa en Pekín, al Gobierno chino y a las Naciones Unidas, declaró el director del portal sina.com, Chen Tong. En China, el sentimiento antijaponés es grande, especialmente entre la juventud, y mucho más radical y extremo que la moderada línea del Gobierno. Aunque se dice que las autoridades chinas utilizan ese sentimiento en aras de la «consolidación nacional», su verdadero promotor es la actitud de Japón.
En estos días han vuelto a ponerse sobre la mesa dos contenciosos que vienen de lejos.
En estos días han vuelto a ponerse sobre la mesa dos contenciosos que vienen de lejos. Uno entre Japón y Corea del Sur y se refiere a las islas Tokdo (Takeshima, en japonés), que Japón le disputa a Corea. Otro entre Japón y China y se refiere a las islas Diaoyu (Senkaku, en japonés) situadas al oeste de Okimawa que Japón le disputa a China. Económicamente, Japón depende más de China que China de Japón. Por otro lado, China ya es el mayor socio comercial de Corea del Sur, mientras que Corea del Sur quiere convertirse en el primer inversor extranjero en China en los próximos años. La común crisis de relaciones hacia Japón contribuye al acercamiento China-Corea del Sur, lo que inquieta a la Administración Bush, cada vez más hostil hacia el independiente presidente surcoreano. «Algunos se preguntan si la subida de tono de esta oscura disputa territorial convertida en cruzada presidencial no podría ser parte de una política para apartar a Corea del Sur de la alianza militar con Japón y EEUU.».
En China hay unos 12 millones de católicos, de los que entre 5 y 7 millones son «clandestinos».
En China hay unos 12 millones de católicos, de los que entre 5 y 7 millones son «clandestinos». Y es que en China existen dos Iglesia católicas, una sancionada por el Estado chino que nombra a sus obispos (la Asociación Católica Patriótica-APC), y otra no registrada, leal al Papa. El 85% del clero de la APC, incluidos los obispos, está reconocido por el Vaticano. No hay obispos de la APC que accedan a ser nombrados por el Estado sin la previa sanción del Vaticano. Las relaciones entre los dos grupos, el trato que los «ilegales» reciben de las autoridades, varían mucho según las provincias. Sigue habiendo mucha persecución, algunos son maltratados y otros aislados. Hay una gran diferencia entre la política central y cómo ésta se aplica a nivel local.
Estudiantes chinos recorren el centro de Pekín durante más de ocho horas pidiendo el boicot a los productos japoneses.
Decenas de miles de estudiantes chinos recorren el centro de Pekín durante más de ocho horas pidiendo el boicot a los productos japoneses, en la mayor manifestación vista en la ciudad desde la destrucción de la embajada china en Belgrado por un misil norteamericano, hace seis años. Los manifestantes claman contra la candidatura japonesa a un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, arremeten contra la revisión de los libros de texto en Japón, que eluden la crítica a las barbaridades efectuadas por los japoneses en China en los años 30 y 40 de la época imperial, así como contra las visitas del primer ministro japonés al santuario de Yasukuni, donde están enterrados seis criminales de guerra ahorcados por los aliados tras el fin de la contienda, y vilipendian al «pequeño Koizumi», el primer ministro japonés.
La segunda guerra chino-japonesa permanece en la memoria de los chinos como la «guerra de resistencia contra Japón».
La segunda guerra chino-japonesa permanece en la memoria de los chinos como la «guerra de resistencia contra Japón»; para muchos japoneses sólo se trata de el «incidente de China». Esta diferente apreciación de los hechos traerá graves problemas diplomáticos en 2005 entre ambos países. Debe tenerse en cuenta, por otro lado, que de los 25 jefes militares y civiles japoneses condenados en el proceso de Tokio, al término de la Segunda Guerra Mundial, 22 serán declarados culpables de crímenes de guerra cometidos en China. De los 7 que fueron ahorcados, seis están enterrados en el santuario de Yasukuni, que el primer ministro Koizumi visita reiteradamente desde 2001, lo que en China se vivie como insulto, porque todos menos uno han sido criminales de guerra.
En China los manifestantes han caminado más de 20 kilómetros en un recorrido sin mayores incidentes hasta la embajada japonesa.
Los jóvenes han caminado más de 20 kilómetros en un recorrido sin mayores incidentes en el que su número se ha ido incrementando, alcanzando los veinte o treinta mil, hasta concluir ante la embajada japonesa, a la que han lanzado botellas de plástico y algunas piedras. A su paso por las calles de la ciudad, muchos conductores han hecho sonar las bocinas en señal de aprobación. En las aceras, la gente ha aplaudido, evidenciando que la indignación popular ante el nuevo nacionalismo japonés supera con creces la moderada contención del Gobierno de Pekín. En Manchuria, la región del nordeste, que durante la ocupación japonesa fue un protectorado, el boicot comercial es un hecho. El champú y los productos de belleza japoneses y la popular cerveza Asahi han sido allí retirados de almacenes y supermercados.
Veinte mil manifestantes ante los consulados generales de Japón en Cantón y Shenzhen, dos grandes ciudades de China.
Se han manifestado, veinte mil manifestantes ante los consulados generales de Japón en Cantón y Shenzhen, dos de las ciudades más prósperas de China, con los mismos lanzamientos de botellas de plástico, algunas pedradas y vidrios rotos, que se vieron en la multitudinaria manifestación de más de 20.000 estudiantes del sábado en Pekín. El embajador japonés en China, cuya residencia presenta algunos cristales rotos, ha calificado estos hechos de “muy desagradables”, mientras en Tokio se convocaba al embajador chino. China está tolerando estas manifestaciones, pero no las está promoviendo. En la televisión y la prensa se hacen nulo y escaso eco, respectivamente, en un intento manifiesto de no añadir más leña al fuego. La policía ha encauzado las protestas, impidiendo que degeneraran en mayores violencias, y cargando y disolviendo las concentraciones en algunas ocasiones. Abandonada a su espontaneidad, la manifestación del sábado en Pekín, habría probablemente incendiado la embajada japonesa y algunos restaurantes y bancos de la capital. Si se quiere evitar que la olla a presión estalle, hay que abrir un poco la válvula para que escape el vapor. Eso es lo que está ocurriendo.
La decisión de Tokio llevará todavía algunos meses, antes de que comiencen las perforaciones en las islas en disputa con China.
China inició en el año 2003 prospecciones cerca de la zona disputada, y en Japón se alega que sus perforaciones podrían vaciar bolsas de gas situadas en lo que considera su sector marítimo. La decisión de Tokio llevará todavía algunos meses, antes de que comiencen las perforaciones. Japón y China se disputan la soberanía del archipiélago Diaoyu (Senkaku, en japonés), un grupo de cinco pequeñas islas deshabitadas y tres rocas volcánicas, situadas 400 kilómetros al sudoeste de Okinawa. La importancia de las islas estriba en los recursos energéticos que existen en sus alrededores.
Observadores chinos no descartan que su Gobierno protagonice algún gesto militar «fuerte» dirigido a Japón en la zona disputada.
Algunos observadores chinos no descartan que su Gobierno protagonice algún gesto militar «fuerte» dirigido a Japón en la zona disputada, rompiendo una larga tradición de cuidado y prudencia, que, consideran, se está volviendo contra China. «Me parece que ha llegado el momento de lanzarles una señal y este año podría ser la ocasión», declaró a La Vanguardia un diputado de la Conferencia Política Consultiva en condiciones de anonimato.

