CATALUNYA (Desde el Tratado de Corbeil hasta Nueva Planta (1258-1716)

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Renace espectacularmente el bandolerismo: Joan de SERRALLONGA.


Renace espectacularmente el bandolerismo: Joan de SERRALLONGA perpetra numerosos robos y secuestros sobre todo en la zona de Les Guilleries, entre los años 1622 y 1633. Joan de SERRALLONGA que pertenecía al partido de los «nyerros», enamorado de Dña. Joana de Torrellas, cuya familia pertenecía al partido de los «cadells», había asesinado a uno de los caballeros que se oponían a su casamiento y se había escondido, junto con Joana, en las Guillerias, donde sostenía de continuo luchas contra sus rivales.

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Fallece Francesc Vicent Garcia, rector de Vallfogona de Riucorb desde 1607. Máxima figura del barroco literario en Catalunya.


Fallece Francesc Vicent Garcia (1582-1623), rector (Párroco) de Vallfogona de Riucorb (Conca de Barbera – Tarragona) desde 1607. Ha sido considerado la máxima figura del barroco literario en Catalunya. Fuertemente influido por la literatura castellana del Siglo de Oro, tanto en los aspectos formales como en el contenido, Garcia ha señalado un punto de inflexión en la creación literaria de los siglos modernos. Sus poemas se mueven, sin solución de continuidad, entre la elegancia cortesana y retórica y la sátira obscena o escatológica. Su obra será publicada póstumamente, en 1703, por l\’Acadèmia Desconfiada, con el título de \»L\’harmonia del Parnàs\». Se le atribuyen, sin embargo, un gran número de textos apócrifos.

Las Cortes de 1626 y de 1632 quedan inconclusas. Los catalanes no aceptan las exigencias del monarca.


Las Cortes de 1626 y de 1632 quedan inconclusas ante la negativa de los catalanes a aceptar las exigencias del monarca. Sin duda, todo un éxito del marco constitucional e institucional de los catalanes, que se convertía, más que nunca, en un obstáculo para una monarquía que necesitaba cada vez más recursos. Los ministros y sus asesores jurídicos alegaban que «la necesidad no tiene ley» y que, por tanto, era necesario priorizar las urgencias del monarca por encima de las leyes de los catalanes. A menudo, el constitucionalismo catalán era incomprensible e insoportable para unos ministros acostumbrados a imponer la voluntad del soberano en otros territorios.

El virrey y los oficiales reales ignoran -o prefieren ignorar- el marco jurídico catalán.


El virrey y los oficiales reales ignoran -o prefieren ignorar- el marco jurídico catalán. Esto origina una escalada constante de la tensión con la Generalitat, que es el organismo encargado de denunciar cualquier posible conculcación de las leyes hecha por los representantes de la corona. Y, evidentemente, el hecho de que los jueces de la Real Academia, nombrados por el monarca, sean los responsables de juzgar estas posibles conculcaciones no contribuye nada a disminuir la tensión, porque a menudo acaban juzgando las propias actuaciones, con las consiguientes sospechas de escasa imparcialidad.

El conde-duque de OLIVARES prepara un audaz plan contra Francia que finalmente no se realizará.


El conde-duque de OLIVARES prepara un audaz plan contra Francia que, en líneas generales, consiste en concentrar en Catalunya (convertida en Plaza de Armas de España) a un poderoso ejército de 40.000 hombres (de los cuales 10.000 alistados en la Corona de Aragón) dispuesto para atacar a Francia por los Pirineos, mientras las fuerzas de Flandes, lo harán por aquella frontera. (Este plan se pone a la consideración del Consejo de Estado que finalmente no lo aprueba.)

El modelo de organización política castellano es el que quiere imponerse en los otros reinos.


Para evitar este inconveniente, el conde-duque se fija un doble propósito. En primer lugar impulsar un cambio profundo en las estructuras de la Monarquía, adecuando las instituciones a las necesidades del momento. Como Castilla es la que menos obstáculos pone a las peticiones de la política imperial, es el modelo de organización política castellano el que debe imponerse en los otros reinos. En segundo lugar, OLIVARES se propone acabar con el exclusivismo castellano en la administración, ofreciendo cargos públicos (políticos, militares o administrativos) a gentes de todos los reinos, es decir, a cualquier vasallo real. Ambos propósitos coinciden en un mismo objetivo: construir un país unido y compacto que deje atrás lo que el conde-Duque consideraba diferencias arcaicas.

Las Cortes de Aragón y Valencia no ven motivos para complicarse en el pleito que es de Castilla.


La primera sorpresa de OLIVARES es que no resulta tan sencillo como imagina que intervengan en la contienda todos los territorios españoles, aún independientes entre sí. El conflicto se desarrolla en posesiones de la corona de Castilla, por lo que a las otras les tiene sin cuidado. Consultadas, en la fecha, las Cortes de Aragón y Valencia, los diputados correspondientes no ven motivos para complicarse en el pleito y sólo bajo presión oficial convienen en colaborar con la «Unión de armas» aportando cada una un tercio de infantería.

FELIPE IV exige a las Cortes Catalanas dieciséis mil soldados, o su equivalente en metálico.


Las Cortes Catalanas, cuando el Rey abre la sesión de las Cortes, exigen que antes de hablar de nuevos subsidios se pase repaso a los agravios que tienen con la administración central, desde las últimas Cortes celebradas en 1599. Los diputados presentan nueve proyectos de ley que llevan a la práctica sus demandas, pero FELIPE IV los corrige hasta dejarlos inservibles. Por otra parte exige dieciséis mil soldados, o su equivalente en metálico, así como las rentas reales que no se cobran desde el tiempo de su abuelo. De otro modo se marchará y allá se las compongan. Las Cortes de Barcelona se disuelven sin llegar a ningún acuerdo.