GUERRA DE ESPAÑA Y EEUU. POR CUBA Y PUERTO RICO (1897-1898)

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El Congreso de los EEUU. Asigna la cantidad de 50 millones de dólares para la «defensa nacional»


Por votación unánime el Congreso de los EEUU. asigna la cantidad de 50 millones de dólares para la «defensa nacional» movilizándose la nación para una guerra.

Woodford dice: Sólo hay un poder y una bandera capaces de asegurar la paz en Cuba: Los EEUU.


En una entrevista dramática de MORET -ministro de Ultramar- con Woodford -ministro plenipotenciario de EEUU. en Madrid-, éste le dice: «No creo que la autonomía pueda dar la paz a Cuba, ni tampoco creo que los insurrectos puedan asegurar la paz por un gobierno libre e independiente. Sólo hay un poder y una bandera capaces de asegurar la paz. Los EEUU. tienen ese poder y la bandera norteamericana es esa bandera.»

Los norteamericanos aseguran que la explosión del Maine ha sido debida a minas colocadas en el navío.


Se hace público el informe norteamericano por el que la explosión del Maine ha sido debida a minas colocadas en el exterior del navío. Pero su labor investigadora deja mucho que desear. Los oficiales recogen testimonios de los supervivientes, del capitán Sigsbee, de los buzos que inspeccionan el casco y de testigos directos en La Habana, pero no contrastan la información obtenida con ningún experto en la materia. Por otra parte, la comisión española no es autorizada a examinar el casco y el interior del Maine, cuyos restos son dinamitados y hundidos por el capitán Sigsbee.

La prueba más concluyente de la comisión estadounidense es la declaración de algún testigo.


La prueba más concluyente de la comisión estadounidense es la declaración de algún testigo que, días antes de la explosión, ha oído en La Habana a unos oficiales españoles manifestar que deseaban hundir el Maine porque su llegada era una humillación. En realidad, el informe norteamericano no culpa directamente a España del atentado. Ya en el primer parte enviado a Washington el capitán Sigsbee menciona la ayuda prestada por los españoles tras la explosión, resaltando que han arriesgado sus propias vidas para atender a los supervivientes.

Por los datos recogidos la explosión del Maine ha sido interna y se ha producido en los pañoles.


La conclusión de los norteamericanos es adoptada sin tener en cuenta la declaración del ingeniero jefe de la Armada, George Melville, que asegura que por los datos recogidos la explosión ha sido interna y que se ha producido en los pañoles (compartimentos de un buque destinado a almacenar vívieres, municion, etc) que guardaban la munición del barco. Esta opinión, además, es compartida por otros altos oficiales estadounidenses, como su antecesor en el cargo, B.F. Isherwood, el almirante Gherardi o Philip Alger, especialista en armamento de la Navy. Este último manifiesta en el Washington Star que se habrían incendiado las carboneras y que el fuego habría afectado a la munición almacenada en la santabárbara (en las embarcaciones, pañol destinado a custodiar pólvora y municiones)

Los españoles intentan negociar por el tema de Cuba, pero los magnates americanos quieren la guerra.


La crispación llega a tal punto en EEUU. que los medios de comunicación y los círculos políticos radicales critican duramente al secretario de Estado, John D.Long, por descartar la responsabilidad española en el incidente del Maine. Las voces de Henry Cabot Lodge y el Secretario de Guerra de la Marina, Teodoro ROOSEVELT, insisten en la necesidad de la guerra. El presidente McKINLEY que en principio no está dispuesto a declarar la guerra, pide varias concesiones para los EEUU. de manera que se evite la guerra. Entre éstas están la negociación con los rebeldes cubanos, desmantelar los campos de concentración en Cuba y la participación de los EEUU. en las negociaciones de los rebeldes y el gobiemo español en Cuba. Los españoles prácticamente aceptan todas estas imposiciones e intentan negociar, pero los magnates americanos quieren la guerra.

McKINLEY se ve obligado a pedir permiso a las Cámaras para intervenir en Cuba.


El embajador Woodford, para quien Cuba es «la más rica tajada de la tierra», propone pura y simplemente un negocio de compraventa de la isla por 300 millones de dólares. Rechazada la oferta, poco o nada queda ya por hacer. McKINLEY se ve obligado a pedir permiso a las Cámaras para intervenir en Cuba.

Francesc PI I MARGALL terminará perdiendo su escaño, por Girona, en las elecciones de 1898.


Desde Catalunya, Francesc PI I MARGALL tilda a los medios informativos que animan la respuesta militar en el caso de Cuba como de «prensa infame», pero esta afirmación, sumadas a sus peticiones de paz y a la invocación del derecho de los cubanos a su independencia, terminará costándole su escaño por Girona en las elecciones de 1898.

Las ficticias noticias en EEUU. sobre los españoles, van inclinando la balanza a favor de la guerra.


En los periódicos de EEUU., se ofrecen noticias de las supuestas atrocidades que cometen los españoles contra los cubanos y estas noticias van inclinando, poco a poco, la balanza a favor de la guerra. Los periódicos del Sr. Hearst envian a Cuba un gran fotógrafo, el Sr. Federico Remington (1861-1909) y este buen señor le dice a su jefe que no ha encontrado una guerra en Cuba, a lo que el Sr. Hearst le dice: «Envíame las fotos y yo produciré la guerra». Tienen a España acorralada sin escapatoria posible. El Secretario de Guerra, John Hay llama a esta guerra «una pequeña guerra que durará muy poco». Desde luego, toda guerra por pequeña que sea, tiene un alto costo en vidas.

EEUU: El gobierno español, debe renunciar a su autoridad y Gobierno en Cuba y retirar sus fuerzas.


McKINLEY aprueba una resolución de ambas cámaras norteamericanas que es implícitamente una declaración de guerra, telegrafiando su contenido inmediatamente a Woodford para que lo comunique al gobierno español. En él se exige a España que renuncie a su autoridad y Gobierno en Cuba y que retire sus fuerzas militares y navales de la isla. Si no lo hace antes del 23, el presidente de los EEUU. actuará con el poder que le otorga su Congreso.