OTÓN I el Grande (Rey de Alemania 936-973, de Italia, 951-973, Emp. Del SIRG 962-973)

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Otón IOTÓN I el Grande. Rey de Alemania 936-973, de Italia, 951-973, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (SIRG) 962-973

OTON I se casa con ADELAIDA para fortalecer su legitimidad. BERENGARIO y su hijo le rinden pleitesía.


En la fecha, OTON I se casa con ADELAIDA para fortalecer su legitimidad por desposar a la viuda del último rey legítimo. Ante esta maniobra BERENGARIO no tiene más remedio que rendir pleitesía a OTÓN, pero con la condición de que le mantenga como rey de Italia. OTÓN acepta y regresa con su esposa a Alemania. BERENGARIO, de hecho, a partir de este momento es nominalmente sub-rey y ADALBERTO II, su hijo, es co-rey, ambos bajo OTÓN I.

Los magiares al invadir el territorio germánico son batidos por OTÓN I el Grande en la batalla de Lechfeld.


Los magiares o húngaros, se mantienen distanciados, conservando celosamente su propia libertad. Hacia el año de la fecha, al invadir el territorio germánico son batidos por OTÓN I el Grande en la batalla de Lechfeld, en lo que hoy es Baviera: es una derrota decisiva. Desde ese momento los húngaros se asientan en lo que hoy es Hungría y comienza en este pueblo la penetración lenta y difícil del cristianismo. Hungría que es limítrofe de Ostmarck y de Estiria bloquea en lo sucesivo, esencialmente, la expansión alemana. Por otra parte, OTÓN I también vence a los eslavos y adelanta su frontera oriental del Elba al Oder.

OTÓN I el Grande hace muchos prisioneros y, como es costumbre, son vendidos en pública subasta.


OTÓN I el Grande, tras su victoria sobre los húngaros, hace muchos prisioneros y los vencidos, como es costumbre, son vendidos en pública subasta. La mayoría de ellos son eslavos llamados también eslavones o esclavones, y son tantos que su nombre se hará popular y pasará a definir la situación que hoy llamamos esclavitud. Géza, uno de los jefes magiares, unificará todas las tribus.

A petición de Olga viuda del príncipe Igor, OTÓN I envía a Rusia en 961 al obispo Adalberto de Magdeburgo.


A petición de Olga (Elena) viuda del príncipe Igor, OTÓN I envía a Rusia en 961 al obispo Adalberto de Magdeburgo; pero éste fracasará en su misión evangelizadora.

El papa JUAN XII corona a OTÓN como emperador y a Adelaida de Italia como emperatriz.


Desvanecido el Imperio Carolingio, el autoproclamado -desde 950- rey de Italia, BERENGARIO II, amenaza las posesiones eclesiásticas. El papa JUAN XII requiere el amparo del rey de Alemania OTÓN I, prometiéndole a cambio la corona imperial, en una especie de repetición de la escena representada por León III y Carlomagno ciento cincuenta años antes. Hay, sin embargo, una significativa diferencia: aunque los delegados papales transmiten a OTÓN I el mensaje del papa, también le hacen saber que desaprueban su conducta. No obstante, OTÓN I acepta de buen grado la invitación, pues esto es exactamente lo que desea. Llega a Italia con sus bien armadas tropas y no tiene ninguna dificultad en someterla a su control. OTÓN el Grande doblega al hostigador -BERENGARIO- y entra triunfante en Roma.

El papa JUAN XII impone las coronas imperiales sobre las cabezas de OTÓN y de su esposa ADELAIDA.


Las aspiraciones universalistas del Imperio Germano se materializan el 2 de febrero de 962, fecha de la coronación del emperador OTÓN I (962-973). En la basílica de S. Pedro, el papa JUAN XII impone las coronas imperiales sobre las cabezas de OTÓN y de su esposa ADELAIDA. Con esta ceremonia nace a los ojos de sus contemporáneos el Sacro Imperio Romano Germánico, aunque habrán de pasar unos siglos (hasta el XV) para que se le conozca por este nombre. Se corresponde con el Imperio de Carlomagno, con la sola diferencia de que el Reino franco occidental no forma parte de él. A la cabeza del edificio construido por OTÓN I se halla el rey de Francia oriental (en otras palabras, Alemania), elegido por los grandes del reino. Este rey puede, sin embargo, hacer coronar en vida a su sucesor: de este modo el principio dinástico? tiende a dominar sobre el principio electivo.

El papa JUAN XII y el rey de Germania OTÓN I, emperador recién coronado, signan el «Privilegio de Otón».


La creación de un territorio imperial se lleva a cabo asociando el título imperial con los reinos de Alemania e Italia (y Borgoña desde 1033). El 13 de febrero de 962, el papa JUAN XII y el rey de Germania OTÓN I, emperador recién coronado, signan el «Privilegio de Otón»- que legisla sobre las atribuciones de ambos y sobre las garantías en la elección papal. OTÓN confirma la soberanía del Papa sobre los Estados pontificios, pero reclama el derecho de ratificar las elecciones papales. Este documento confirma las donaciones de Pipino (756) y Carlomagno (774) y la Constitutio Romana de 824, de modo que vincula el imperio carolingio con el germánico. De este modo se asegurará la fidelidad de unos territorios, que al no ser hereditarios, podrá controlarlos mejor.

El Imperio es universal y otorga al emperador el dominio sobre todo el occidente


Por definición, el Imperio es universal y otorga a quien ostenta el título de emperador el dominio sobre todo el occidente. Sin embargo, esta idea del imperio nunca alcanzará su plena materialización política. El Imperio es una monarquía electiva; el monarca es elegido por la alta nobleza. Al mismo tiempo, rige también el ‘derecho de sangre’; el nuevo monarca debe estar emparentado con su antecesor. Sin embargo, este principio no será siempre respetado. El imperio medieval no tiene una ciudad capital; el monarca gobierna desplazándose de un lugar a otro. Tampoco existen impuestos imperiales; el monarca atiende a sus gastos con los llamados ‘bienes imperiales’, que administra en fideicomiso. Su autoridad no es reconocida sin más; sólo a través de su poder militar y de una hábil política de alianzas puede conseguir el respeto de los poderosos ducados.

El imperio agrupara a todos los pueblos católicos bajo la autoridad universal del emperador.


A partir de ahora, el Imperio será a la vez un ideal y una realidad. El ideal de una cristiandad que agrupara a todos los pueblos católicos bajo la autoridad universal del emperador, encargado por Dios de velar por ella y por la Iglesia, y de conquistar las tierras paganas para extender la fe en ellas. Y la realidad de un emperador elegido por los príncipes alemanes y consagrado como tal por el papa, rey de Germania, de Italia y, a partir de 1032, de Borgoña.