Un monje llamado Denys le Petit propone al Papa JUAN I la numeración de los años a partir del nacimiento de Cristo. Se resuelve la cuenta de los años precedentes a Cristo señalándolos también por siglos. Así, por ejemplo, el primer siglo antes de nuestra era se le hizo empezar el primero de enero del año 100 aC. y terminó el 31 de diciembre del año 1 aC. De manera correlativa e inmediata se pasó al año 1 de nuestra era. Es decir no hubo, no hay año cero.
HISTORIA DE LA IGLESIA CATÓLICA. De Constantino al Concilio de Trento (313 - 1545)
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HISTORIA DE LA IGLESIA CATÓLICA. De Constantino al Concilio de Trento (313 - 1545)
Muere martirizado en Rávena el papa JUAN I. Sus restos serán llevados a Roma.
TEODORICO dejará -en la fecha- que muera martirizado en la cárcel, el papa JUAN I cuyos restos serán llevados a Roma y enterrados en la Basílica de San Pedro.
FÉLIX IV (III) nombrado papa. Como el papa SÍMACO, fue un papa constructor.
FÉLIX IV (III) es nombrado papa (12.7.526 – 22.9.530). Aunque nacido en Roma, es este papa hijo de godos, lo que le convierte en el primer pontífice de sangre germánica. Como el papa SÍMACO, será un papa constructor, destacando en Roma la iglesia de los santos Cosme y Damián entre sus obras.
Inician las sesiones del II Concilio de Toledo. Trata del arrianismo.
Inician las sesiones del II Concilio de Toledo. Es un concilio de los Obispos del Reino de Toledo, que se celebra en la ciudad de Toledo, en la fecha. Trata del arrianismo. En este Concilio, Montano, obispo local que preside la reunión, se dirige al titular de la iglesia de Palencia y a sus fieles para que erradiquen de la misma los últimos rescoldos, todavía vivos, de la «perniciosa secta de los priscilianistas», la «sucia herejía», descubierta y denunciada por «los libros del beatísimo y religiosísimo varón Toribio, obispo, enviados al santo padre León, de la ciudad de Roma».
Preocupación de la iglesia visigoda por la formación del clero ya que su ignorancia es grande.
Para vivir los clérigos pueden ejercer —con limitaciones— el comercio, no así el préstamo. Viven del mismo y de las funciones eclesiales, de los diezmos y de las limosnas, en general, pobremente. San Isidoro se lamenta también de los clérigos «vagos» que sin sujeción a nadie, pululan abundantemente. La preocupación de la iglesia visigoda por la formación del clero es notoria. En el Concilio II de Toledo (527), (c.1), se esboza una especie de «seminario», precisado por el Concilio IV de Toledo, (c.24). Florecerán algunas escuelas episcopales de donde saldrán grandes maestros, como las de Mérida, Sevilla (Leandro, Isidoro, Bracario), Toledo (Eugenio, Ildefonso, Julián), Zaragoza (Braulio, Tajón), Palencia (Conancio). Sin embargo, la ignorancia de los clérigos será muy grande.
A Justino I le sucede su sobrino JUSTINIANO I el Grande en el Imperio romano de Oriente.
A Justino I le sucede su sobrino JUSTINIANO I el Grande (527-565) al frente de los destinos del Imperio romano de Oriente que tratará de reunificar con poco éxito. Ha ejercido de coemperador. Enérgico e inteligente, aún le aventaja en esas cualidades TEODORA, su esposa, antigua bailarina de circo y monofisita a pesar que desde el Concilio de Calcedonia del 451 está expresamente condenada esta herejía. Esto tendrá consecuencias en la postura de JUSTINIANO, que será a veces errática y poco clara en cuestiones doctrinales ya que él es católico convencido. Por ello, su gobierno incidirá directamente en el devenir mediato de la Iglesia. Instará a los monofisitas a que regresen del exilio. Por otra parte, debido a la mala situación económica que ha heredado, deberá aplicar fuertes reformas fiscales. El fenómeno denominado «cesaropapismo» trae su origen del emperador JUSTINIANO I el Grande que se erigirá, en enérgico defensor de la Fe de Nicea y Calcedonia. JUSTINIANO, por otra parte, se rodeará de un estrecho grupo de colaboradores entre los que destacarán Triboniano o Belisario.
Cuando JUSTINIANO I sube al trono, el Imperio tiene unas fronteras razonablemente bien protegidas.
El Imperio Oriental tiene unas fronteras razonablemente bien definidas: el Danubio, el Éufrates y los desiertos de Arabia y Egipto, todas ellas bien defendidas por fortalezas como Singidunum, Dara y Edesa, que neutralizan la amenaza de los persas sasánidas por el este, de los búlgaros por el bajo Danubio y de las tribus del desierto. Internamente, el emperador JUSTINIANO I y la Iglesia están atrapados en Constantinopla, entre aquellos que valoran la unidad eclesiástica y los lazos con el papado forjados en el Concilio de Calcedonia (451) y aquellos que prefieren una Iglesia bizantina independiente. La influencia de estos últimos ha ido en ascenso desde el año 484 aprox., cuando el cisma de Acacio separa las Iglesias de Roma y de Constantinopla
BENITO de Nursia, hacia el año 529, se traslada a Montecasino donde funda un nuevo monasterio.
BENITO de Nursia, hacia el año 529, se traslada a Montecasino donde funda un nuevo monasterio, en el cuál residirá hasta su muerte. Allí ejerce gran influencia en sus discípulos y sobre toda la región vecina. Es allí también donde escribe una Regla para monjes, que con el tiempo llegará a ser la Santa Regla (la regla benedictina), norma de vida para el monacato cristiano occidental. Esta norma propugna la vida en común de una serie de personas en una residencia, el monasterio, generalmente alejado de los centros urbanos, con un templo anexo y a veces granjas y tierras de cultivo alrededor. Allí, estas personas se dedicarán a la oración en comunidad y a desarrollar actividades agrícolas e intelectuales. De esta forma cumplirán el lema «ora et labora» (ora y trabaja). Los que seguirán esta regla serán los monjes más numerosos e importantes de Europa occidental durante casi toda la Edad Media, tanto por su calidad moral y su influencia cultural como por el poder económico que alcanzarán sus monasterios.
Los monjes de los monasterios benedictinos copian una y mil veces los antiguos rollos de pergamino.
En los monasterios fundados por los hijos espirituales de BENITO, los grandes tesoros de la literatura, la filosofía y la teología de unos tiempos idos serán copiados y protegidos mientras los pueblos bárbaros arrasan y destruyen los viejos centros de la civilización y la cultura; unos pueblos analfabetos que, además se envanecen de serlo. Ni siquiera el rey Teodorico el Grande, amo y señor de Italia, sabe leer y escribir (y tampoco Justino I, el emperador romano de Oriente). Que hayan llegado hasta nosotros no sólo los escritos de la primitiva cristiandad -incluida la Biblia-, sino también los de los clásicos antiguos -los poemas de HOMERO, CÁTULO y HORACIO, los dramas de ESQUILO, SÓFOCLES y EURÍPIDES, los relatos históricos de TUCÍDIDES y TITO LIVIO, los tratados filosóficos de PLATÓN y ARISTÓTELES (es decir la incomparable herencia del pensamiento greco-romano)- se lo debemos a estos monjes de los monasterios benedictinos que copian y recopian una y mil veces los antiguos rollos de pergamino y los conservan celosamente para preservarlos de los peligros de un mundo asolado por las guerras y las invasiones. Parte de estos monjes son presbíteros, pero la mayoría son simples legos (profesos sin opción a las sagradas órdenes), aunque los votos de pobreza, castidad y obediencia a sus superiores rigen para todos ellos.
Los errores de los semipelagianos son condenados en el Concilio de Orange.
Los errores de los semipelagianos han sido refutados por AGUSTÍN, y condenados, en la fecha, por el Segundo Concilio de Orange en 529. El Sínodo de Orange, no hace suyas algunas de las proposiciones de AGUSTÍN -por ejemplo, la «masa condenada»- las cuales permanecerán como expresiones particulares de Agustín y de su escuela.

