Toda la serie de viajes realizados entre 1492 y los primeros años del siglo XVI servirán posteriormente para poner de manifiesto que aquellas tierras descubiertas por COLÓN no son las del esperado continente asiático, sino las de un Nuevo Mundo, desconocido para los europeos. Se trata de un territorio de dimensiones espectaculares, que ofrece, en principio, grandes espectativas económicas, y que está poblado por gentes a las que desde el primer momento se han considerado como vasallos de los Reyes Católicos.
FERNANDO II de Aragón (1479 - 1516), V de Castilla (1475 - 1504), II de Sicilia (1468 1516) y III de Nápoles (1504 - 1516)
Total de piezas: 255
FELIPE el Hermoso es reconocido Rey de Castilla y León, como FELIPE I.
FELIPE el Hermoso es -en la fecha- reconocido Rey de Castilla y León, como FELIPE I.
La llegada de FELIPE y JUANA a Castilla, procedentes de Flandes, pondrá fin a la primera regencia de FERNANDO el Católico.
La llegada de FELIPE y JUANA a Castilla, procedentes de Flandes, pondrá fin a la primera regencia de FERNANDO el Católico, toda vez que se harán cargo del trono a finales del mes de julio. Para evitar una guerra civil, FERNANDO cede el gobierno de Castilla a FELIPE el Hermoso. Pero FELIPE se enajenará pronto las voluntades de los castellanos por el modo de tratar a Dª JUANA y por otorgar los empleos más honoríficos a flamencos y alemanes.
Sale una armada de Barcelona hacia Nápoles. Se considera como la última propiamente catalana que se ha hecho a la mar.
FERNANDO de Aragón, habiendo recibido noticias de Nápoles nada elogiosas de la fidelidad de GONZALO de Córdoba, dispone una expedición con una gran armada, que podemos considerar como la última propiamente catalana que se ha hecho a la mar. Además del rey y su esposa GERMANA van en la expedición importantes personajes de la Catalunya. En la fecha, sale la armada de Barcelona, llegando a Nápoles el 1 de Noviembre, después de hacer escala en Génova, donde GONZALO de Córdoba da explicaciones que satisfacen al rey.
Felipe el Hermosos, apenas dos meses después de ser reconocido rey de Castilla y León, fallece en Burgos.
Apenas dos meses después de reconocerlo como rey de Castilla y León, fallece, en la fecha, en Burgos, FELIPE I el Hermoso. La muerte inesperada de su marido, con sólo 27 años, trastorna definitivamente a JUANA. FELIPE estaba ejerciendo como gobernador de Castilla juntamente con Juana y con su suegro Fernando. La muerte fue a causa de un acaloramiento contraído el día anterior jugando a pelota, seguido de una bebida excesivamente fría, aunque no faltó quienes la achacaran a los abusos sexuales del promiscuo príncipe. Con esa muerte se remata el estado mental de su viuda, que se mantuvo durante meses junto al hediondo cadáver de su marido, prohibiendo a ninguna mujer que se acercara a él, y anduvo así deambulando hasta sepultarlo en Granada. Desde ese momento, la locura de la reina fue irreversible y tuvo que ser confinada, originando no pocos transtornos en la corte.
Asume momentáneamente la regencia el religioso franciscano Francisco Jiménez de CISNEROS.
Asume momentáneamente la regencia en la Corona de Castilla y Aragón, el religioso franciscano que ha sido confesor de la reina, Francisco Jiménez de CISNEROS. El orden logrado años atrás por los Reyes Católicos prácticamente ha desaparecido. En su lugar impera la anarquía. Mientras renacen las luchas de bandos en diversas ciudades, algunos ricos hombres campan a sus anchas.
Fernando el Católico entra triunfalmente en Nápoles.
Fernando el Católico entra triunfalmente en Nápoles.
JUANA emprende viaje a Tordesillas donde quiere que su marido sea enterrado provisionalmente antes de enterrarlo en Granada.
JUANA quiere que su marido sea enterrado en el Panteón Real de Granada; mientras tanto, exige que sea depositado en Tordesillas. Emprende, pues, en la fecha, un largo y penoso viaje, acompañada por numerosa comitiva, por tierras de Castilla, desde Burgos a Tordesillas. El viaje se hace de noche, lo que suscita nuevos comentarios sobre la salud mental de la reina.
Cuentas del Gran Capitán.
En cualquier caso, cuando el rey Fernando le pide al Gran Capitán la justificación de los gastos de la conquista de Nápoles y las cuentas de su gestión al frente del reino italiano, el general responde con una relación de partidas que la leyenda quiere que diga algo así como: \»Doscientos mil setecientos treinta y seis ducados y nueve reales en frailes, monjas y pobres, para que rogasen a Dios por la prosperidad de las armas españolas. Cien millones en picos, palas y azadones (para enterrar a los muertos del adversario). Cien mil ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres de sus enemigos. Ciento sesenta mil ducados en poner y renovar campanas destruidas por el uso continuo de repicar todos los días por nuevas victorias conseguidas sobre el enemigo. Cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el Rey pedía cuentas al que le ha regalado un reino\». Es sólo una de las versiones de este inverosímil episodio, pero ejemplifica por qué desde que la leyenda cobra fama, las cuentas del Gran Capitán han pasado a ser sinónimo de gasto o de relación contable hecho de forma arbitraria y sin justificación alguna. La altanería y el desprecio implícito al monarca brillan adornando la leyenda de quien, tras ganarse el ducado de Santángelo y una inmensa popularidad entre sus hombres, acabó sin mando y sin plaza y sin el favor del rey.
FERNANDO el católico regresa a Castilla para ocupar la regencia y empieza otra vez a gobernar, en nombre de su hija JUANA.
El problema político sigue en pie. Ante el estado de la situación, FERNANDO el católico regresa a Castilla para ocupar la regencia y empieza otra vez a gobernar, en nombre de su hija JUANA. La suerte de la reina no está todavía echada.

