COSTUMBRES CRISTIANAS Y DEMÁS EN GENERAL

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Los cristianos pronto son vistos con recelo, pues no participan de las costumbres de los paganos.


Por su parte, los no-cristianos no son admitidos en los actos de culto cristianos. Los catecúmenos (los que están siendo instruidos en la nueva religión) sólo pueden asistir a la primera parte de la Misa, hasta el ofertorio. Sólo cuando conocen a fondo el misterio central del Santo Sacrificio (la conversión del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y son bautizados, pueden permanecer hasta el final.) No es extraño, pues, que algunos malintencionados o envidiosos empiecen a rumorear que los cristianos mantienen en secreto sus reuniones porque son caníbales que comen la carne y beben la sangre de niños inocentes; que son arrogantes y presuntuosos, porque insisten en que su Dios es el único que existe y se niegan a tomar parte en las ceremonias en honor de los dioses romanos o de otros países. Algo que también hacen los judíos, aunque los cristianos son «peores», porque dicen que su Dios es un tal Cristo, que ha sido crucificado en Jerusalén como un vulgar delincuente… Y lo peor de todo: no creen que el emperador es un dios, y se niegan a prestar juramento de fidelidad ante su «imagen divina», a adorarla y a quemarle el incienso.

Los cristianos consagran como día de descanso y culto el primer día de la semana.


La consagración como día de descanso y culto del primer día de la semana, propio de los discípulos de Jesús se produce desde época muy primitiva del s. I. Los primeros cristianos de origen gentil no guardaban los días propios del judaísmo (Gál 4,10; Col 2,16). Sus reuniones tenían lugar en domingo en lugar de en sábado (Hech 20,7) y en ellas realizaban las colectas destinadas a la beneficencia (I Cor 16,2). Pero el inicio de esta costumbre debe buscarse ya en los propios judeo-cristianos (Jn 20,19 y 26) que, como seguidores de JESÚS el mesías optaban por reunirse precisamente en un día que no interfiriera con el culto sinagogal. En ello influyó muy posiblemente también una serie de hechos relacionados con el domingo. En ese día había resucitado Jesús (Jn 20,1) y se había aparecido por primera vez a los apóstoles comiendo con ellos (Luc 24,36-49; Jn 20,26ss). Asimismo fue en domingo cuando se recibió el Espíritu Santo en Pentecostés (Hech 2,1 ss), etc. En una fecha tan temprana como los años sesenta del s. I, la expresión «día del Señor» ya iba referida, incluso en un contexto judeo-cristiano, al domingo (Apocalipsis 1,10). Para finales del s. I (Didajé XIV; Ignacio, Epístola a los magnesios IX; etc.), ya resultará obvio que el sábado es el día sagrado de los judíos, mientras que el de los cristianos es el domingo. En cuanto a las fuentes contenidas en el Talmud, suelen acusar a los judeo-cristianos de la consideración del domingo como día sagrado.

Los cristianos se esfuerzan por hacer de su vida toda un acto de culto divino.


Tampoco ha de limitarse la vida de piedad de los primeros cristianos a la oración pública y solemne de la comunidad. Conforme a las enseñanzas del Señor y de los apóstoles, los cristianos se esfuerzan por hacer de su vida toda un acto de culto divino. A ello contribuirá la observancia de determinados tiempos para la oración. Ya hacia la mitad del siglo II, tanto en Oriente como en Occidente, está vigente la costumbre de orar a las nueve, a las doce y a las tres. En algunas regiones es costumbre también orar a media noche y a las tres de la madrugada. La oración del Señor, el Padrenuestro, ocupa el primer liugar entre las oraciones. Junto a ella se usan para orar las fórmulas de los salmos y de los himnos de los libros sagrados. La postura ordinaria en la oración es estando en pie, con los brazos extendidos y levantados. También se observa el ayuno con bastante frecuencia para dominar la tendencia natural al pecado mediante la abstinencia. A la oración y el ayuno, inseparablemente acompañan la limosna, el ejercicio práctico de la caridad para con el prójimo.

Alrededor de esta fecha, HIPÓLITO de Roma escribe costumbres litúrgicas de la comunidad romana.


Alrededor de esta fecha, el antipapa HIPÓLITO de Roma escribe costumbres litúrgicas de la comunidad romana en «La Tradición apostólica»: «Al cantar el gallo, se rezará primero sobre el agua […]. Los candidatos se quitarán la ropa y se bautizará primero a los niños. Todos los que puedan hablar por sí mismos, hablarán. Quienes no puedan, sus padres hablarán por ellos o alguien le su familia. Se bautizará luego a los hombres y finalmente a las mujeres después de que se hayan soltado los cabellos y se hayan quitado las joyas de oro que lleven. Que nadie lleve consigo ningún objeto extraño para bajar al agua». (Queda claro el bautismo de los niños)

El papa Félix I promulga una ley para asegurar la costumbre de que todos los altares guarden alguna reliquia.


Desde los comienzos del cristianismo los restos de los mártires estuvieron ligados al sacrificio eucarístico, celebrando los misterios sobre su tumba. No se concebía un altar si no era enterramiento de un santo. En el año 269 el papa FÉLIX I promulga una ley para asegurar esta costumbre. Las primeras basílicas construidas después de las persecuciones serán erigidas encima de las criptas donde yacen los cuerpos de los mártires. Más tarde, algunos de estos cuerpos serán trasladados a las ciudades para depositarlos en los templos suntuosos construidos para recibirlos. Es más, el quinto concilio de Cartago decreta que no será consagrada ninguna nueva iglesia que no tenga una reliquia en su altar.

La eucaristía se reviste de mayor aparato por la suntuosidad de los edificios, las basílicas, las vestiduras…


La eucaristía se reviste cada vez de mayor aparato por la suntuosidad de los edificios, las basílicas, las vestiduras y los objetos litúrgicos. Se multiplican las lecturas, las procesiones y los sermones. En Occidente se empieza a adquirir poco a poco la costumbre de la eucaristía diaria, mientras que en Oriente los usos varían.

Las preocupaciones cristianas se manifiestan en la creación de instituciones caritativas.


A falta de una transformación profunda de las estructuras en el Imperio romano, las preocupaciones cristianas se manifiestan en la creación de instituciones caritativas. Las estructuras del Imperio serán transformadas por ellas, pero a largo plazo. La limosna, tradicional desde los Hechos de los Apóstoles, se desarrolla en el Imperio. BASILIO, obispo de Cesarea de Capadocia, organiza una verdadera ciudad cristiana, que incluye iglesia, monasterio, hospicio y hospital. En ella se acoge a los viajeros, los enfermos y los pobres. Su personal cualificado está formado por algunos monjes. En Alejandría, el obispo dispone de un cuerpo de quinientos enfermeros. El puerto de Ostia posee un asilo para la acogida de peregrinos… Sin embargo, la cristianización de la sociedad sigue siendo limitada. Los nuevos bautizados no siempre se preocupan de cambiar sus costumbres. La legislación prohíbe el infanticidio, pero no la exposición de los niños. El bajo Imperio se convierte en un régimen cada vez más totalitario, policial y arbitrario. La justicia recurre frecuentemente a la tortura. Los obispos tratan a veces de oponerse a esta violencia.

Celestio es seguidor de Pelagio. Les une un gran celo por la reforma de las costumbres del pueblo.


CELESTIO -jurista romano- es discípulo de PELAGIO y uno de los difusores principales de la herejía de su maestro. Les une un gran celo por la reforma de las costumbres existentes en el pueblo cristiano, las cuales denuncian una marcada decadencia. Para entusiasmar y convencer plenamente a los fieles a elevar la propia conducta moral, insisten exageradamente en la gran nobleza espiritual del hombre y en su capacidad natural de obrar el bien y alcanzar perfección. CELESTIO está establecido en África y vive entre el clero. PELAGIO se traslada a Palestina.

Ley sálica. Recopilación de los usos y costumbres de la cultura de los francos salios.


Las leyes sálicas, constituyen un cuerpo de leyes promulgadas a principios del siglo VI por el jefe de los francos, CLODOVEO I. Debe su nombre a la tribu de los Francos Salios. Sera la base de la legislación de los reyes francos hasta que en el siglo XII el reino de los francos desaparecerá, y con él sus leyes. Este código rige las cuestiones de herencia, crímenes, lesiones, robo, etc. y es un importante elemento aglutinador en un reino como el franco, compuesto por varios grupos y etnias. Una parte muy concreta de este código sobrevivirá, a los reyes francos, y pervivirá en la historia europea durante varios siglos: se trata de aquella que prohibe que una mujer herede el trono de Francia, e incluso que pueda transmitir sus derechos al trono a sus descendientes varones.

Los visigodos con LEOVIGILDO han ido integrándose en la sociedad hispano-romana.


Los visigodos con LEOVIGILDO han ido integrándose en la sociedad hispano-romana; han aceptado su lengua (el latín), así como lo fundamental de su organización, sus leyes, sus usos y costumbres. La organización administrativa y judicial será casi íntegramente respetada por los visigodos, así como la división territorial de las provincias. Al frente de cada provincia existirá un «dux» (duque); las provincias se dividirán en distritos llamados «civitates», al frente de los cuales estará un «comes» (conde).

Esta pieza también aparece en ... LEOVIGILDO (Rey visigodo)(568-586)