CLEMENTE VII (Papa)(1523-1534)

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En la guerra contra Francia en territorio italiano, las tropas imperiales saquean Roma durante ocho días.


En la guerra contra Francia en territorio italiano, los mandos del ejército imperial pierden el control sobre las tropas alemanas, enviadas por FERNANDO I, a las que se han añadido, italianos y españoles-. El Condestable de Borbón -uno de los magnates más influyentes de Francia, enemigo de FRANCISCO I- manda estas tropas, y aunque ha sido avisado de la reciente firma de paz con el papado, piensa atacar como empresa personal a la desguarnecida Roma. El duque lleva una túnica blanca para que todo el mundo lo reconozca y lo siga. Pero también el enemigo lo distingue. Un disparo de arcabuz da de lleno en el duque de Borbón y muere. Los soldados no se retiran ante este suceso, al contrario, avanzan enfurecidos y ya dentro de la ciudad, saquean y destruyen, en la fecha, todo lo que encuentran a su paso, en lo que sera conocido como «el sacco de Roma» y que durará ocho días. No es sólo la muerte del duque de Borbón, es el hambre, los meses sin paga, la avaricia, la ferocidad, el pillaje, la sangre… Las tropas imperiales ni siquiera respetan el Vaticano, defendido por un puñado de oficiales y soldados de la Guardia Suiza (189 en total).

Por un pasadizo secreto, el Papa CLEMENTE VII ha huido al Castillo de Sant Angelo.


El sacco de Roma se alarga durante ocho días. Por un pasadizo secreto, el Papa CLEMENTE VII ha huido al Castillo de Sant Angelo, donde se ha refugiado con cuarenta y dos guardias suizos -los únicos supervivientes ya que han sido muertos 147 soldados helvéticos-, once cardenales y los embajadores de Francia e Inglaterra, mientras las tropas imperiales saquean y profanan todas las iglesias romanas. Los soldados imperiales sitian el castillo de Sant Angelo. Al fin, el papa tiene que rendirse al príncipe de Orange, que ha sucedido al duque de Borbón. El papa promete pagar una importante indemnización, cede seis ciudades de sus estados y permanecer en poder de los españoles hasta que estas condiciones se cumplan. No hay duda de que CARLOS (V) se siente aterrado ante el curso que han tomado los acontecimientos, ajenos a su voluntad, y que él condena en una carta dirigida a CLEMENTE VII. Profundamente religioso, no puede menos que ver con horror todos aquellos sacrilegios cometidos en su nombre. La condena por el emperador de las acciones de sus soldados, no evita la actitud negativa de CLEMENTE VII hacia CARLOS (V).

Las tropas imperiales, ponen sitio a Florencia, donde se ha proclamado la república.


El emperador CARLOS V está deseoso de hacerse perdonar los horrores del saco de Roma del pasado mes de mayo. Por eso, a cambio de la confirmación por parte del papa CLEMENTE VII de sus posesiones napolitanas, el emperador favorecerá a la casa de los MÉDICIS. En efecto, en la fecha, las tropas imperiales, ponen sitio a Florencia, donde se ha proclamado la república.

CARLOS V y el papa CLEMENTE VII, llegan a un acuerdo con relación al Sacco de Roma.


CARLOS V y el papa CLEMENTE VII, llegan a un acuerdo. El pontífice se compromete a perdonar a todos los que han participado en el saqueo de la Ciudad Eterna y a colaborar activamente en la lucha contra los protestantes e, incluso, a coronar él mismo a CARLOS como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Éste, a su vez, se obliga a devolver todas las ciudades pontificias que ha ocupado y a conseguir que los MÉDICI de nuevo gobiernen Florencia.

Acuerdo -Tratado de Barcelona- entre los representantes del Papa CLEMENTE VII y los de CARLOS (V).


Se establece en Barcelona un acuerdo -Tratado de Barcelona- entre los representantes del Papa CLEMENTE VII y los de CARLOS (V) por el que se aseguran ayuda mutua ante el peligro turco y el equilibrio en la península italiana. Por otra parte, el emperador recibe la investidura del Reino de Nápoles.

Carlos V ofrece a Clemente VII su hija MARGARITA de Parma para que la despose un Médicis.


CARLOS V quiere que los vínculos que le unen a CLEMENTE VII (de la familia de los Médicis) -más proclive a Francia que a él- sean de sangre y le ofrece a su hija MARGARITA de Parma para que la despose un Médicis. Siendo hija natural, tendrá que casar con otro ilégitimo, pero eso no es problema para las familias principales de Roma, que siempre los tienen en abundancia. La familia MÉDICIS más que ninguna. CLEMENTE VII designa de entre ellos a ALEJANDRO (quizá hijo natural del mismo papa).

A lo largo de los cuatro años siguientes, Miguel Ángel se mantiene a caballo entre Florencia y Roma


La restauración de los Médicis en 1530, gracias al apoyo de CARLOS V, después del «Tratado de Barcelona», hace que el papa CLEMENTE VII intente recuperar a uno de sus artistas favoritos para decorar la pared del altar de la Capilla Sixtina. A lo largo de los cuatro años siguientes, Miguel ÁNGEL se mantiene a caballo entre Florencia y Roma.

CARLOS (V) impone de nuevo en Florencia la dictadura de Alejandro de Médicis


CARLOS (V) una vez se ha reconciliado con el Papa CLEMENTE VII, impone de nuevo en Florencia la dictadura de ALEJANDRO de Médicis (1530-1537), al que nombra duque hereditario de Toscana

CLEMENTE VII una vez firmada -en la fecha- la paz con los estados italianos, corona a CARLOS (V)


CLEMENTE VII una vez firmada -en la fecha- la paz con los estados italianos, corona a CARLOS (V) ciñéndole la corona imperial del Sacro Imperio Romano Germánico y la de rey de Italia. La ceremonia tiene lugar en Bolonia, con la asistencia de toda la nobleza de Italia, de España, de Alemania y de los Países Bajos, rivalizando en fastuosidad. CARLOS (V) se arrodilla, revestido de una armadura de oro, ante el Papa CLEMENTE VII, que le ciñe la corona imperial, y después la corona de hierro de los reyes longobardos, forjada, según se dice, de un clavo de la Santa Cruz. (Los cronistas cuentan que para pasar del palacio donde se aloja el séquito imperial hasta la catedral de San Petronio se ha colocado una pasarela, que se ha roto en el momento de pasar la comitiva. Todo ha quedado en un gran susto, solventado por las fiestas que se celebran).

Durante siglos se admite en Occidente que el Papa es el único capaz de designar Emperadores.


Durante siglos se admite en Occidente que el Papa, como legítimo custodio de la tradición romana, es el único capaz de designar Emperadores. Supuestamente, en la concepción medieval, el mundo está bajo la tutela temporal del Emperador, y la espiritual del Papa, como señores conjuntos del mundo cristiano (y del mundo, en definitiva, por cuanto el Papa se considera Vicario de Cristo para toda la Humanidad). De esta manera sólo puede haber un único Emperador, con jurisdicción sobre todos los reyes cristianos. Sin embargo, este sueño está lejos de cumplirse, ya que nunca el Emperador de Occidente consigue imponerse a todos los reyes cristianos; quien lleva más lejos este sueño universalista es el Emperador CARLOS I de España, precisamente en una época (el Siglo XVI) en que el universalismo medieval está desapareciendo en beneficio del nacionalismo moderno. Sin embargo, aunque los reyes medievales se trenzan en múltiples guerras, e incluso muchos de ellos combaten por las armas al Emperador de turno, jamás intentarán tomar para sí el título si no cuentan con las bases legales para ello.