ABDERRAMÁN III (Primer emir, 912-929, que toma el título de califa 929-961)

Total de piezas: 35

Las fronteras de al-Ándalus manifiestan general tranquilidad. Se paraliza el avance de los cristianos.


Las fronteras de al-Ándalus manifiestan general tranquilidad lo que motiva el desarrollo económico y la prosperidad. El califa ABDERRAMÁN III controla el poder de manera absoluta e inicia contactos diplomáticos con los Estados europeos, especialmente con Bizancio y el emperador OTÓN I. Dentro de este próspero ambiente destaca la construcción de numerosas obras públicas y monumentos en Córdoba. Durante estos años, coincidiendo con el máximo esplendor de ABDERRAMÁN III, se paraliza el avance de los cristianos.

La reina TODA de Pamplona, se ve obligada a reconocerse como tributaria de ABDERRAMÁN III.


ABDERRAMÁN III después de Zaragoza, se dirige hacia Pamplona, aliada de León y del gobernador musulmán de Zaragoza. Ante el asalto musulmán, la reina TODA se ve obligada a reconocerse como tributaria de ABDERRAMÁN III.

Esta pieza también aparece en ... REINO DE LEÓN (I) (910-1037) • TODA (Reina de Navarra)

RAMIRO II de León reuniendo su ejército se dirige a Zaragoza que se somete.


RAMIRO II de León reuniendo su ejército se dirige a Zaragoza. Entonces el rey de los sarracenos, Abu Yahya, engañando a ABDERRAMÁN III, se somete al gran rey RAMIRO y pone toda su tierra bajo la soberanía del rey católico. Éste, fuerte y poderoso, somete los castillos de Abu Yahya, que se le han sublevado, y se los entrega regresando a León con gran triunfo.

ABDERRAMÁN III cerca Zamora con veinte mil hombres y se dirige Duero arriba con un fabuloso ejército.


El califa omeya, ABDERRAMÁN III, concibe un proyecto gigantesco para acabar de una vez por todas con el reino leonés, al que denomina gazat al-kudra, Campaña del Supremo Poder o de la Omnipotencia. El omeya reúne un gran ejército alentado por la llamada a la yihad. ABDERRAMÁN III cerca Zamora con veinte mil hombres y se dirige Duero arriba con un fabuloso ejército de ochenta mil hombres en busca del rey leonés que va a su encuentro. RAMIRO II reúne junto a su ejército el de los condes castellanos Fernán GONZÁLEZ y ASUR FERNÁNDEZ y también el ejército navarro de la reina TODA que dirige personalmente. El inicio de la batalla, tiene lugar, en la fecha, en la margen derecha del Pisuerga, al noreste de Simancas (Valladolid), es muy violenta y se prolonga durante varios días. Las crónicas cristianas contarán que se aparece San Millán. Y además, según contarán las crónicas, tanto árabes como cristianas, sucederá un eclipse de sol unos dias antes de la batalla y que de hecho retrasará su ejecución.

La línea de repoblación del reino de León avanza hasta el río Tormes, rebasando el límite del río Duero.


Como consecuencia de la victoria de la batalla de Simancas, la línea de repoblación del reino de León avanza hasta el río Tormes, rebasando el límite del río Duero. Las victorias cristianas en Simancas y Zamora permiten, pues, a RAMIRO II consolidar la ocupación de tierras más allá del Duero (Sepúlveda, Ledesma y Salamanca…), y reforzar la alianza con Pamplona, con lo que extenderá la influencia de su reino fuera de sus fronteras. No obstante, aunque ABDERRAMÁN III no volverá a dirigir personalmente a sus ejércitos en combate alguno, éstos seguirán haciendo incursiones más allá de los límites cristianos. La batalla de Simancas es fundamental en la Reconquista porque es un episodio tangible no una leyenda, fue un suceso real a diferencia de otros episodios más o menos mitificados. Simancas sirvió como propaganda de la fe católica en el reino de León y fuera de la península, constituyendo la primera gran victoria cristiana sobre los musulmanes, que está perfectamente documentada en fuentes árabes y cristianas.

La Batalla de Simancas dura algunas jornadas (1-6/agosto) decidiéndose del lado de los cristianos.


La Batalla de Simancas dura algunas jornadas (1-6/agosto) decidiéndose del lado de los cristianos, al mando de Ramiro II e León, que hacen huir a las tropas musulmanas que no pueden tomar la fortaleza de Simancas. Después de la jornada de Simancas acontece el desastre para los musulmanes en tierras sorianas, en lo que se denomina la jornada de Alhándega o del Barranco. En dicha jornada los musulmanes que en su retirada de Simancas han arrasado la zona del río Aza en su camino hacia Atienza, sufren una emboscada en un barranco, donde son derrotados y puestos en fuga, consiguiendo los cristianos un gran botín. ABDERRAMÁN III regresa a Córdoba a revisar la situación de sus fuerzas y a rehacer su ejército. El mundo musulmán acusa el desastre hasta sus cimientos. Su magnitud queda patente por dos hechos: ABDERRAMÁN III manda crucificar por traidores y cobardes a trescientos de sus oficiales y, por primera vez, cronistas cristianos de fuera de la península se hacen eco del hecho de armas.

ABDERRAMÁN III contempla alarmado el avance cristiano y decide la adopción de medidas defensivas.


ABDERRAMÁN III por su parte, contempla alarmado el avance cristiano y decide, por primera vez en la historia musulmana española, la adopción de medidas defensivas. Desconfiando de la potencia y capacidad de sus ejércitos, el califa ordena fortificar Medinaceli como barrera frente al empuje cristiano. Allí traslada el cuartel general de la frontera media para poder controlar mejor la actividad castellana.

El conde de Barcelona SUNYER y ABDERRAMÁN III, fijan las fronteras entre los dos territorios.


Las medidas de reforzamiento llevadas a cabo por ABDERRAMÁN III y el hecho de que el poder franco se ha ido reduciendo a lo largo del siglo X, empujan a SUNYER a cambiar su política de agresión por otra de moderación. Ésta implica, a partir de 940, un acercamiento a Córdoba a través del envío de embajadores y el cese en los avances hacia el sur. Así, en la fecha, la flota califal arriba a Barcelona y el conde SUNYER y el califa de Córdoba, ABDERRAMÁN III, llegan a un acuerdo para fijar las fronteras entre los dos territorios.

En 947, tres años antes de morir (950), SUNYER I decide dejar el condado a sus hijos BORRELL II y MIRÓ.


En 947, tres años antes de morir (950), SUNYER I decide dejar el condado y profesar en un monasterio. Deja su herencia indivisa a sus dos hijos BORRELL y MIRÓ. Inicia, pues, el gobierno de BORRELL II -hijo de SUNYER I- como conde de Barcelona, Girona y Osona (947-992). Gobierna, de acuerdo con las indicaciones testamentarias, asociado a su hermano MIR (o Mirón). Durante una parte importante del reinado de ambos condes, su política es una confirmación de la iniciada por su padre. Mantienen, así, sus buenas relaciones con el califato, primero de ABDERRAMÁN III y después con AL-HAKAM II.

Las fuerzas de los reinos cristianos han menguado de tal manera que ni pueden defender sus fronteras.


Las fuerzas de los reinos cristianos han menguado de tal manera que ni siquiera bastan para defender sus fronteras del renovado ejército de ABDERRAMÁN III. Por lo pronto, ORDOÑO III propone al califa el establecimiento de un tratado. Córdoba envía embajadores y, conseguida la promesa de los cristianos de desmantelar algunos castillos que los musulmanes contemplan como una amenaza contra ellos, se llega a un acuerdo de paz al que se adhiere también Fernán GONZÁLEZ. Los reinos cristianos deberán, en consecuencia, satisfacer tributos. ABDERRAMÁN III ni siquiera se plantea la conquista de tales reinos. Le es más productivo cobrar de ellos cada año.