RAMIRO II el Monje (Rey de Aragón)(1134-1157)

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Ramiro II el MonjeRamiro II de Aragón apodado el Monje, rey de Aragón entre 1134 y 1157. Tras desposar a su única hija Petronila con el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona en 1137, en quien delegó el poder de facto, abandonó el ejercicio de su cargo y se retiró a la vida eclesiástica que había llevado antes de su entronización.

(Ver Genealogía de Ramiro II el Monje)

Pese a su condición de monje, RAMIRO II se hace cargo inmediatamente de sus obligaciones como rey.


Pese a su condición de monje, RAMIRO II ante la situación creada por el peculiar testamento de su hermano, se hace cargo inmediatamente de sus obligaciones como rey.

Esta pieza también aparece en ... REINO DE ARAGÓN Y PAMPLONA (1076-1134)

El testamento de ALFONSO I el Batallador es rechazado por los señores de Pamplona. Autonomía.


El testamento de ALFONSO I el Batallador, rey de Aragón y de Pamplona, es rechazado por los señores de Pamplona y en consecuencia, Pamplona recupera su autonomía. Gracias al apoyo de varios nobles, al del futuro conde Ladrón (señor de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, regiones que permanecerán en la órbita navarra), Guillermo Aznar de Oteiza, al del obispo pamplonés, Sancho de Larrosa, y al de otros nobles, es alzado al trono de Pamplona GARCÍA RAMÍREZ (1134-1150), conocido como el Restaurador, que es biznieto de García Sánchez III, rey de Pamplona ochenta años antes, y que aprovechará los momentos de confusión para segregar definitivamente a Navarra de Aragón. Los papas le niegan el título de rey por no haber reconocido las disposiciones testamentarias de su predecesor con lo cual más que monarcas serán considerados príncipes vasallos. Navarra queda encajada entre dos potencias como Aragón y Castilla viendo cortadas sus posibilidades de expansión hacia el sur.

Los nobles aragoneses reconocen y proclaman en Jaca como rey a RAMIRO II el Monje.


Los nobles aragoneses, ante la complejidad del cumplimiento de las disposiciones establecidas en el testamento de Alfonso l el Batallador, y ante el temor de que el rey de Castilla, Alfonso VII, reclame el cumplimiento del pacto de diciembre 1109 en el que se acordó, entre su madre, Urraca, y su padrastro, Alfonso I, que en caso de fallecer éste sin descendencia, su hijastro, o sea, ALFONSO VII de Castilla, heredaría el reino de Aragón, pasan por encima de todo y reconocen y proclaman en Jaca como rey a RAMIRO II el Monje (1134-1157), monje benedictino, único hermano del rey difunto, que ha sido abad de Sahagún, obispo de Burgos y Pamplona y, en estos momentos, es el abad de San Pedro el Viejo de Huesca y obispo de Barbastro. RAMIRO ha impugnado el testamento aduciendo que el reino no es un bien personal del monarca. En situación normal le hubiese correspondico a RAMIRO, heredar el reino, pero el pacto de 1109 trastoca todos los planes.

Ramiro II agradece al pueblo de Jaca que fueran los primeros en elegirlo.


En la parte aragonesa todo apunta a que también estaba preparada una salida conjunta, si bien la mayor extensión del territorio, con una nobleza más heterogénea, y las dificultades provocadas por la situación del sucesor elegido, RAMIRO II, obligó a éste a desplegar una gran actividad en los días siguientes a la muerte de Alfonso, con el fin de conciliar las posiciones de los implicados. En un documento extendido el día 11 de septiembre, el nuevo rey muestra su agradecimiento al pueblo de Jaca porque vosotros fuisteis los primeros que me elegisteis rey, y en estos primeros días consta que algunos nobles lo acataron, entre ellos Ermengol conde de Urgel y tenente de Bolea, el conde de Pallars, Lope Fortuñones de Loarre y Lope López de Ricla, Calatayud y Sos. A finales de septiembre RAMIRO II estaba ya en Zaragoza acompañado de Lope Sánchez de Belchite, Pedro Roméu, el aitán Lope Garcés, Rodrigo Pérez tenente de Alagón, Artal de Alagón, Pedro Tizón de Valtierra, Pedro Taresa de Borja y otros.

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ALFONSO VII, rey de León y Castilla no parece mostrar ningún interés por llegar al trono de Aragón.


Respecto a la actuación de ALFONSO VII, rey de León y Castilla no parece que en ningún momento mostrara su interés por llegar al trono de Aragón, pero su inmediata y preparada intervención iba dirigida a obtener los máximos beneficios. Su primera iniciativa fue entrar en La Rioja, donde estaba ya antes del diez de noviembre, para reclamar los derechos ejercidos por sus antepasados hasta que Alfonso el Batallador, a raíz de su matrimonio con Urraca, nombró tenentes aragoneses haciéndose con el control del territorio. La presencia del monarca castellano hizo que sin apenas vacilaciones los tenentes de Viguera, Belorado, Granon y otros le reconocieran su soberanía.

Desarrollo de la reunión en Zaragoza de finales de diciembre 1134. Importancia de sus asistentes.


En la reunión de Zaragoza de finales de diciembre, se tratan los siguientes temas: restablecer el equilibrio político entre los reyes de Castilla, Aragón y Navarra; alcanzar una fórmula para garantizar la sucesión de la monarquía aragonesa; y concluir un acuerdo con la Santa Sede para zanjar la herencia de El Batallador. A juzgar por la congregación de poderes en Zaragoza, parece demostrado que nadie cree que la solución sea un asunto interno de los súbditos aragoneses y navarros. A Zaragoza acude ALFONSO VII de León y Castilla; Olegario, arzobispo de Tarragona; los obispos de Zaragoza y Lescar; los condes castellanos Rodrigo González, Manrique de Lara, Ramiro Fruélaz y Rodrigo; los ultrapirenaicos Alfonso Jordán de San Gil, conde de Tolosa, Bernardo I, conde de Comminges, Roger III de Foix y Guillermo señor de Montpellier; más el conde de Barcelona, RAMÓN BERENGUER IV, el de Urgel, Armengol, el de Pallars, Arnal Mir, otros nobles castellanos y muchos señores aragoneses. Faltan a la cita GARCÍA I RAMÍREZ de Pamplona y RAMIRO II de Aragón que están intentando alcanzar acuerdos según sus propios criterios.

Resultados de la reunión de finales de diciembre en Zaragoza.


La crisis sucesoria parece, pues, antes de concluir el año 1134 resuelta en Navarra y Aragón por el acuerdo asumido entre las fuerzas sociales. La jerarquía eclesiástica, los señores y los ciudadanos, de conformidad con los pretendientes al trono y los demás poderes vecinos, habían adoptado ya la decisión de ignorar las disposiciones de Alfonso I y decidido según el derecho de la tierra y sus intereses; la división era un hecho asumido por todos, que beneficiaba a Castilla y a los condados más orientales. Faltaba resolver el problema de los territorios conquistados por El Batallador, que podían ser reclamados por navarros y aragoneses, por el monarca castellano y, evidentemente, por las tres órdenes mencionadas en el testamento. Por supuesto, quedaba buscar las soluciones formales con los herederos testamentarios y las disposiciones prácticas que, al menos en Aragón, dieran forma y continuidad a la monarquía.

Pacto entre los reyes de Aragón y de Navarra de mantenerse unidos que posteriormente será roto.


Representantes de GARCÍA RAMÍREZ Y DE RAMIRO II, se reunen en Vadoluengo, entre Sangüesa y Sos, con el propósito de concretar la fórmula del «prohijamiento artificial» de GARCÍA RAMÍREZ por RAMIRO, contemplada en el derecho pirenaico tradicional, como argumento que resuelve todos los problemas, pues se mantiene unidos los dos reinos, ostentando Ramiro el «principado» y García la «potestad» militar sobre los caballeros, unificándose más adelante en la figura de García y en la de sus herederos. El pacto seguramente llega a estar aceptado y firmado por los dos reyes en el mes de enero de 1135.

GARCÍA RAMÍREZ se persona en Zaragoza. Toma posesión de la ciudad y del reino. RAMIRO se refugia.


GARCÍA RAMÍREZ se persona en Zaragoza, seguramente acompañado del Emperador, para tomar posesión de la ciudad y del reino, como demuestra el hecho de que durante un año (hasta octubre de 1136), la documentación de García Ramírez haga mención expresa de su autoridad en Zaragoza, con expresiones como «regnante in Pampilona, in Tutela et in Çaragoça». Así, en el mes de octubre, RAMIRO tiene que refugiarse durante unas semanas en Besalú (al norte de Girona) donde se entrevista con RAMON BERENGUER IV y donde sus barones más fieles establecen contacto con los señores barceloneses, pallareses y urgeleses, reencontrando los puntos de contacto históricos y trazando posibles planes comunes. Además, la ruptura del «pacto de prohijamiento», obliga a la rápida búsqueda de una solución al futuro del linaje de RAMIRO.