ORDEN DE LOS CISTERCIENSES

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En Citeaux, el abad ROBERT y un grupo de 21 benedictinos abandonan su monasterio: cistercienses.


Las ingentes donaciones recibidas por los cluniacenses provocan la decadencia moral de la orden, por lo que se impone un retorno a la pureza original de la regla de S.BENITO. En Citeaux, abadía situada a 23 km al sur de Dijon (Francia) el abad ROBERT de Molesme y un grupo de 21 benedictinos abandonan, en la fecha, este opulento monasterio y se retiran al desierto de Citeaux para vivir con mayor rigor y pureza la regla de S. BENITO. Para ello, recurren a un mayor aislamiento, a normas más estrictas en lo relativo al silencio y a la dieta y a una insistencia en el trabajo manual que llega a convertir a los cistercienses en grandes colonizadores. Nace así una nueva orden -la Orden Cisterciense (la orden de los monjes blancos)- religiosa, organizada y consolidada de manera definitiva por los abades Alberico (1100-1109) y Esteban Harding (1109-1133).

Es de destacar la aportación de los monjes a la tecnología medieval.


Es de destacar la aportación de los monjes a la tecnología medieval. La orden cisterciense es particularmente conocida por su sofisticación tecnológica. La información se difundía rápidamente a través de la amplia red de comunicación que existía entre los distintos monasterios. Se observan así sistemas hidráulicos muy similares en centros separados en ocasiones por miles de kilómetros. Se dirá que estos monasterios fueron las unidades económicas más eficaces que habían existido en Europa, y acaso en el mundo, hasta la fecha.

La sobriedad alcanza también a la indumentaria de los monjes cistercienses.


La sobriedad alcanza también a la indumentaria de los monjes cistercienses, que visten de blanco o de gris en lugar de usar los brillantes hábitos negros de Cluny. Leen, escriben y hablan menos. Son más pobres; todo lo hacen pensando en una posible riqueza interior. En cuanto a su organización, los abades son elegidos por los propios monjes, a diferencia de lo que ocurría en la orden cluniacense. Menos centralizada que ésta, la del Císter deja en manos de cada abad la dirección de su monasterio, aunque dispone que las decisiones generales sean tomadas en una conferencia anual de los abades en Cîteaux. Esta institución, denominada Capítulo General, se encarga de la observancia de la regla y la mejora de costumbres. Es una especie de tribunal supremo que será adoptado posteriormentre por el resto de órdenes religiosas.

Frente a Cluny, el Císter es una especie de federación de casas de las que Citeaux es el referente.


Frente al imperio monástico simbolizado por Cluny, el Císter es una especie de federación de casas de las que Cìteaux constituye siempre el referente. A diferencia de la absorción de monasterios ya existentes practicada por la orden de los cluniacenses, los cistercienses optan por la fundación de abadías de idéntica simplicidad arquitectónica, construidas en zonas alejadas de las grandes vías de comunicación. Esta austeridad rige en todos los aspectos de la vida monástica, desde la liturgia hasta la decoración de la iglesia o el claustro. No se permite ningún detalle que pueda distraer la atención del monje, como vidrieras, pinturas o esculturas. Tampoco se erigen campanarios sobre las iglesias de la orden, pues se entiende que la comunidad vive en el más absoluto retiro. Ni siquiera el pueblo está admitido en los oficios religiosos del monasterio. Esta rígida disciplina se mantendrá hasta mediado del siglo XIII.

BERNARDO (de Claraval) ingresa en la abadía de Cîteaux.


BERNARDO (de Claraval), después de la muerte de su madre, entra en la Orden del Císter a los veintrés años de edad. La Orden del Cister ha sido fundada pocos años antes por el abad ROBERTO de Molesme bajo la regla de san Benito. Sólo tiene un monasterio, el de Citeaux, y por la dureza de la vida que llevan, tiene pocos miembros. Este monasterio se encuentra cercano a su casa paterna, siendo Odón, duque de Borgoña, su benefactor.

Se encarga a BERNARDO fundar Claraval, la abadía desde donde irradiará su espíritu contemplativo.


En el año 1115 la orden del Císter encarga a BERNARDO fundar Claraval, la abadía desde donde irradiará su espíritu contemplativo y su acción apostólica, al mundo y a los siglos. Es designado abad del nuevo monasterio, puesto que desempeñará hasta el final de su vida. El pueblo, los reyes y los papas escucharán su consejo. De cada viaje retornará con decenas de universitarios para los monasterios cistercienses. Sus escritos le harán un célebre doctor de la Iglesia. Como recuerdo de su devoción a la Virgen, la cristiandad añade a la Salve para siempre aquella íntima invocación: «¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!».

La Orden del Císter redacta sus estatutos siguiendo la Regla de Benito. Son aprobados por el Papa.


La Orden del Císter deberá su mayor florecimiento a BERNARDO de Claraval. La nueva orden redacta sus estatutos en 1119 que son aprobados por el Papa CALIXTO II. Los estatutos, cumplen la Regla de Benito hasta sus últimas consecuencias. Sus monjes, viven del trabajo de sus manos, con gran austeridad, y transforman tierras incultas y despobladas en auténticos vergeles. La nueva Orden monacal tiene un éxito inmenso. En 1150 habrán 742 monasterios cistercienses repartidos por toda Europa. El nombre de Cister, proviene de «Cistercium», nombre latino de Citeaux (La Borgonya), ciudad en la que nació la orden.

La historia de Poblet comienza cuando inician su traslado al huerto de Poblet los monjes de Fontfreda.


La historia de Poblet comienza cuando en 1152 inician su traslado al huerto de Poblet los monjes de Fontfreda. En efecto, el huerto de Poblet, lo constituye unas tierras donadas por el conde de Barcelona, RAMON BERENGUER IV, al abad SANÇ y a sus monjes cistercienses de Fontfreda, monasterio cercano a Narbona (Occitania), «tanto a los actuales monjes como a los futuros». Por esto, el monasterio de Poblet considera 1152 el año de su fundación. Este monasterio se convertirá en el panteón de los reyes de la Corona de Aragón. La fundación de Poblet es consecuencia de la conquista de Tortosa y Lleida y tiene como objeto procurar la repoblación de la zona. Existe una leyenda que dice que Poblet se fundó gracias a la salvación milagrosa delante del rey moro de Siurana, Almira Almominiz, de un monje llamado Poblet, que hacía vida de ermitaño en Lardeta cerca del actual emplazamiento de monasterio.

La fortaleza de Calatrava abandonada por los templarios, es ocupada por monjes cistercienses.


La fortaleza de Calatrava abandonada por los templarios, es ocupada, en la fecha, por fray Raimundo de Fitero y un grupo de sus monjes cistercienses y de caballeros. Su éxito en la defensa de la plaza es reconocido por SANCHO III, que le otorga el castillo en señorío. El abad Raimundo instala en el mismo una orden de monjes-soldados, a semejanza de las de Jerusalén, que adopta el nombre del castillo: Orden de Calatrava. Esta orden será la pionera de las muchas que surgirán a partir de aquel momento en los distintos reinos españoles.

Se funda en Tarragona, el monasterio cisterciense de Santes Creus.


El monasterio cisterciense de Santes Creus en Tarragona se funda el 1160. Este monasterio se funda gracias a la cesión de una granja por tres nobles. El monasterio primero se llama de Santa María de Valldaura, por voluntad de los monjes cistercienses que proceden del monasterio de Valldaura. El lugar inicial no es muy apropiado por lo que se producen dos traslados hasta que se encuentra un campo adecuado cerca del río Gaià. Ripoll simboliza la voluntad repobladora de los primeros condes. Poblet y Santes Creus son expresión de la época de los condes-reyes.